El Sueño del Poeta: Poemas
Mis versos se van, siguiendo cierto aire de amapola, pero seguirán vivos en: http://airedeamapola.blogspot.com/
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de junio de 2010

Poemas al niño

I

Érase una vez un niño que quiso controlar el mundo entero.

Lo consiguió. Tienen tan poca imaginación las personas grandes...

II

Una vez oí relatar a un viejo
la historia de un pequeño niño.
Se llamaba como yo
y vivía en un mundo distinto.

Despedida del mundo

Me voy
y se van conmigo las amapolas rojas,
las rosas blancas y negras y los tristes manzanos
que aquel abuelo cultivaba en el huerto.

Me voy
y se van conmigo los valles
los ríos y todos sus afluentes,
las largas cordilleras, volcanes y glaciares.

Me voy
y se va la naturaleza conmigo.
Quedaos con este mundo gris de cemento podrido.
Yo lo repudio.

Las cosas pequeñas

Yo siempre he intentado buscar la belleza, la juventud y la inocencia
de las cosas pequeñas.
Sin embargo, siempre vienen esos amantes (feos, viejos y demasiado sabios)
de las cosas grandes
a quebrar mis sueños
con sus mentiras en forma de religiones, filosofías y ciencias.

Poemas de amor abandonado al mar

I

Te tuve (junto al mar), te tuve
tan cerca de mi mano...
(El viento arrastraba la arena
para acariciar nuestros rostros,
donde una sonrisa dulce se iluminaba).

Te tuve conmigo y no te atrapé entre mis dedos,
dejé te fueras como escapa la brisa del mar,
suave y delicada, acariciando, besando suavemente
la mejilla pero nunca los labios.

Y ahora que no estás, extiendo la mano lejos.
Ahora que te fuiste, extiendo el brazo, el cuerpo
y el corazón intentando encontrarte,
pero siempre fallan su cometido,
yerran su búsqueda
y se cierran sobre el aire.
(¿Tan lejos estás del mar?)

Es el aire, vacío, inocuo, insípido, el aire
que va al viento y se pierde en la nada,
en la playa que arrastra la arena
de aquel mar donde te estreché entre mis brazos
(aunque sólo fuera en imposibles sueños).

El aire que avanza contra las olas,
las rompe y se entrelaza con la espuma
para perderse, de nuevo, entre mis dedos,
dejando tan sólo un beso frío en la mejilla.
(Tan cerca de los labios...)

II

Cierro los ojos.
Vuelvo a ver aquella playa del horizonte
donde por primera vez se encontraron nuestros caminos.
Acaricio la dulce cresta de las olas.
La espuma se entrelaza y juega con mis dedos
en un vals de amor y olvido.

Cierro los ojos y por un instante imagino
que son tus cabellos de ébano lo que acaricio,
tú cálida piel bronceada por este mismo sol
que hoy alumbra esta misma playa.

Abandono mi cuerpo, cierro los ojos,
sueño que esta arena dulce y cálida
es tu propio cuerpo. Caigo
y me deposito sobre ella. La estrecho, feliz, entre mis brazos.
Permanezco quieto.

El viento, la suave brisa que acompasa al mar
arrastra la arena hasta cubrir mi cuerpo.
Yo se lo agradezco y te beso, llenando mi boca
de polvo fino y anaranjado, dulce, cálido y amargo.
Me ahogo, poco a poco, contigo en mi boca... no importa,
la marejada se lleva mis sueños.

¡Qué bello el silencio!

¡Qué bella la luz apagada de un vaso!
¡Qué bello el horizonte oscuro,
de noche, sin luna y sin estrellas!
¡Qué bella la flor marchita y fea!
¡Qué bello el parque solitario!
¡Qué bellas las canciones que cantan los muertos!
¡Qué bellos los sueños rotos!
¡Qué bellas las fotografías de recuerdos olvidados!
Qué bellos los instantes, los rincones, ¡sin palabras!

Otro sueño...

Sus rubios cabellos se mecían como se entrelaza
la arena con el viento y juntos juegan a danzar enamorados.
Su sonrisa era aquella estrella a lo lejos,
delante de mí, radiante, magnífica,
llena del resplandor insondable de la alegría.

Pero, de repente, todo cambió.
Mis ojos se abrieron, descubriendo
la triste y cruda realidad doliente
y la madera oscura.
Era tan sólo un sueño, cuyo único
recuerdo podía ser aquella estrella
de plástico colgada en el techo.

Poemas al verso

I

Versos que vais al alma,
ya no sé dónde encontraros.
Dulces, dulces versos de amapola
y fuente de agua clara,
venid a mí, de nuevo a mí,
estrechadme entre vuestro abrazo
de cielos perdidos en rincones ocultos.

El mar está demasiado lejos.

Oh, versos dulces de antaño,
mi alma ya no es nada más
que nada sin vosotros, nada más
que polvo sin polvo, más versos, ¡silencio!
Más versos al viento.

II

Hay cierto misterio en el bolígrafo verde
surcando trazos de palabras sin sentido
en el cuaderno, también verde.

Hay cierto misterio que se pierde en el aire
como volátil esquela de humo perdido.
Pero yo no sé encontrarlo.

III

Algún día, alguien comprenderá
la soledad de un papel en blanco
surcado tan sólo
por débiles trazos de tinta apagada.

Callad

Callad.
no importa que no estéis hablando.
Callad. Quiero volar solo
y soñar con el viento.

martes, 30 de marzo de 2010

Aceptar

He de aceptarlo. Aceptar que nunca
volverás a ser mía.
Que nunca volveré a sentir tu cuerpo cálido
entre mis brazos y mis manos no podrán
volver a perderse entre tu cabello castaño.
Que nunca volverán aquellas tardes y noches,
en aquel banco, besándonos
en aquel dulce juego de enamorados.

Pero... ¡duele tanto! No puedo.
No puedo concebir no volver a verte
como lo hice un día
(hasta hace tan poco...).
No. Mis lágrimas gritarán al vacío
palabras de amor que habrán de perderse
como si nunca hubieran existido.

Madurarán y se marchitarán mis ojos
y conseguirán olvidarte. Pero mis labios no,
mis labios seguirán esperando los tuyos
en aquel parque oscuro,
noche a noche, sentados en aquel columpio
donde por primera vez se encontraron.



En silencio

Todos esos sueños que un día alimentaron mi alma,
¿qué son hoy sino polvo que arrastra el viento?
Todos esos horizontes místicos al alba,
esas noches estrelladas de manos unidas,
de palabras de amor y labios hablando.
Toda esa felicidad que me inundaba,
¿quién me la robó y la guarda?

Una mariposa de cartón se deshace
en el horizonte como arena al viento:
en silencio.



Duele

Mis lágrimas callan y callan los pájaros
en perfecta sintonía armoniosa de silencio.
Intento hacer como si nada ocurriese,
ser amable con todo el mundo.
Pero no puedo. Duele, sí, duele.
Siento como si siempre hubiera tenido dentro
mil y un esquirlas punzantes de hielo.
Hoy, feliz Día de los Desenamorados,
se han dispuesto a caer todas juntas
atravesando mi pobre corazón solo.
¿Quién escribirá a la noche
palabras que alimenten mi alma
sino ya sólo yo mismo, solo, perdido y roto?



Recuerdo

Mi voz olvidará decir "te quiero" a tu oído
y mi boca, la tuya y tus besos.
Mas no hemos de preocuparnos,
cada vez que oigamos cantar a los pájaros,
a la mañana, sabremos que no hemos muerto;
y volverá amargo a nuestra mente
nuestro propio recuerdo.



Reflejo

Miro por la ventana.
Observo los árboles descarnados,
sacudidos por el viento,
y la hierba seca del parque.
En el cielo, un manto completo de nubes negras
se desplaza uniformemente y en silencio.
Abajo, los coches aparcados también callan.

Observo la ventana (el resto ya desapareció)
y aparece tu reflejo.
Extiendo suavemente la mano hacia el cristal
a la vez que mi boca busca la tuya.
Pero tu reflejo se evapora como si fuera blanca niebla
y mis labios solo alcanzan a rozar
levemente el vidrio frío, cubierto de vaho,
donde quedan dulcemente marcados.



Volveré

¿Volverán mis ojos a brillar un día?
¿Volveré a sentir el calor de un cuerpo,
de un alma tan perfecta como la suya=
Quién sabe.
Yo sólo sé que, de momento, volveré a llorar.



14-2, San Valentín

San Valentín. Allá fuera, se regalan
los enamorados cosas sin valor
que solo valen lo que ellos mismos sienten.
(Posiblemente, mucho menos del precio real del objeto).

Allá fuera, entrelazan dulcemente sus manos
y, aún por sólo un instante,
caen en el ensueño de la felicidad.
(Probablemente, despertarán mañana).

Allá fuera, hace frío.
Pero no les importa. Ellos,
rezando juntos palabras de amor
sin sentido, no lo sienten.

(Seguramente, aún estando protegido en casa
y cerca de una calefacción gris,
sienta más frío yo, que estoy solo,
abandonado y perdido).

Disfrutadlo mientras podáis,
¡y feliz Día de los Desenamorados!

lunes, 1 de febrero de 2010

Testamento


(Es invierno. Nieva, sobre un paisaje helado y blanco. Unos cuantos árboles descarnados y sin hojas se elevan a ambas orillas de un río. En el centro de la escena, entre árboles y de espaldas al flujo del agua, hay un hombre de aspecto demacrado. Está sentado en un banco roto y carcomido por el tiempo y habla con la mirada perdida, como si intentara vislumbrar a un amigo inexistente. Más allá de su voz, solo se oye silencio.)


Hombre.- Amigo, ¡oh amigo de mi alma, el único!
¿Qué he de hacer? ¿A dónde ir?
Estoy perdido, solo,
entre la nieve blanca y el olvido.
Perdido entre el sol muerto de noche,
encerrado tras el muro de invierno
frío, frío, frío.

>> Al fin y al cabo, ¿es que alguien no está solo?
¿Es que alguien no está abandonado, sin ropa y desnudo,
al mundo ausente y cruel que se extiende hacia todos los lados?
Y la felicidad, mi felicidad (tan inútil como la vuestra),
¿quién nos la robó y la guarda?
No os preocupéis, está enterrada, perdida,
y ya nadie nunca la encontrará.

>> Qué estúpidos todos esos inocentes sueños.
Sueños de grandeza, de éxito, de amor...
sueños felices (de felicidad absurda).
Pero, quién no los tuvo alguna vez?
¿Quién no cae en su seductora lujuria,
en su promesa de un futuro imposiblemente bueno?
Pero simplemente son sueños, mentiras mágicas
con las que nos engañamos cada mañana
para despertar sin cortarnos las venas.
Todos. Todos caemos un día al vacío
(todos, todo por la felicidad, todos los sueños).

>> No obstante, ¿acaso importa?
¿Acaso no fue todo siempre vacío,
todo siempre nada?
Aunque creyésemos ver sin ojos
otras cosas que, en realidad,
eran escaparates de tiendas con juguetes rotos.
Campos de flores grises que ya no cantan colores vivos
sino un lúgubre y triste cántico funerario.

>> Muerte. Después de todo, más nada (como siempre).
Muerte. El misterio de su velo negro aun tapa nuestros ojos
que intentan comprender donde no hay nada.
Que intentan aún desobedecer y cantar y ser felices
para morir de nuevo en un sarcófago de piedra fría.
¿Cuántas resurrecciones más podremos resistir?
Inexorablemente, alguna vez nuestro cuerpo ha de decir "no".
Igual que hacemos nosotros todos los días.
Entonces, al fin moriremos.
(Y, de noche, todas las tumbas son igual de negras).

>> Pero hasta entonces, sólo queda seguir sufriendo
en este páramo invernal de nieve blanca y río helado,
de bancos y campos grises
donde siquiera una rosa roja de amor o una amapola nacen.
Todo quedó envuelto en una tela vieja y sucia,
en un baúl roído y roto, abandonado
en el más inhóspito rincón de un desván olvidado.
Olvido. Me pregunto por qué no nos entregamos a el, amigo.
Todas las cosas, hasta las más bellas,
acaban por tornarse tristes y amargas un día
quizá más cercano de lo que solemos imaginar.

>>Oh, alma mía. Mi ser entero y aún más
(o, según se vea, nada),
Siquiera soy un falso poeta que pueda
ahogar su pena en versos de tinta oscura.
Siquiera sé escribir. Soy un pobre y maldito
mendigo de mi propio ser, de mi propia existencia.
¿Y qué hago sentado en este banco?
Nada. Absolutamente nada. Soy un cobarde (como siempre).
Igual que todos. Iguales. Todos somos iguales.
Todos nacemos como pequeñas criaturas blandas y feas
y vivimos soñando esperanzas muertas de cartón
[ que nos mienten despiadadamente.

>> Esperanzas. Sigo teniéndolas. Sigo siendo estúpido.
Pero son tan encantadoras... y, ¿cómo no amar?
Aunque sea a los alegres pájaros que siempre cantan en los árboles
o a los grillos entre las hierbas o al gallo al amanecer.
¿Cómo no amar?

>> Un momento. ¡Callad, ya no los escucho! Un momento.
¿Soy yo quien se pregunta por la vida,
por la felicidad, las esperanzas y el olvido,
por la alegría, los sueños y el amor?
¿Acaso importa todo eso?
Al fin y al cabo, todos estamos muertos.


(Un brillo de furia -o locura- impregna sus desorbitados ojos.)


Hombre.- Si miramos al futuro: estamos muertos.
Si miramos al pasado: estamos muertos.
Si miramos al presente: ya hemos dejado de existir.
Muertos.


(Se levanta enérgicamente, pero ahora su mirada ha perdido todo sentimiento. Sus pies van a dar con la nieve -casi se oye el crujido de dolor que emite esta-, dejándose caer como si no tuvieran vida. Comienza a caminar lenta y torpemente, alejándose poco a poco del centro de la escena, en dirección a la parte trasera. Mientras camina, continua hablando en tono bajo y profundo.)


Hombre.- Sígueme, amigo, y escucha.
Si, alguna vez, alguien preguntara, responde tú
(citando palabras mías, casi incluso versos):

>>"No quiero ser recordado por lo que soy.
Tampoco por lo que fui o podría haber sido.
Eso no forma parte de mí.
Yo sólo soy un ser destinado al olvido.
Otro gato más sentado en el pórtico,
de noche, donde todos somos grises."


(Desaparece finalmente envolviéndose entre las sombras).

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Poemas 17


Sin título XI

Polvo de sombra.
Polvo de amor doliente muerto.
Polvo de vida que apaga suspiros
y suspiros que apagan velas
que van a dar al mar
en cuya arena rompen las olas.
Olas que trituran el polvo
para dar más ceniza quemada de sueños
al viento, más nada y nada.



Sin título XII

Sobre olas de tormenta navega
un faro púrpura de brillante estaca.
Sobre olas de mar bravío y tembloroso,
ríos de sangre y olas de plata.

Sobre ráfagas perdidas de viento,
una linda y ahorcada mariposa
se desliza entre las hojas rotas
del parque y el barro sucio.



Amistades rotas

Hasta hoy pensé que la amistad no era
tan volátil, tan efímera y pasajera.
Y es frágil y caduca como un pétalo blanco
de lirio que arranca sin apenas esfuerzo el viento.

El viento. ¿Acaso todos esos recuerdos,
esas tardes juntos
(o cuando anochecía, bajo las estrellas),
esas charlas amenas y agradables,
esas sonrisas, risas y tantas penas y llantos compartidos,
acaso se los lleva también el viento?

Oh, cenizas, polvo y sombra
(ya solo amagos de memoria),
¡pasto amargo del olvido cubierto de rocío
(que son mis lágrimas)!



Los pasajeros

Qué importantes los pasajeros
que te acompañan en la barca
a lo largo del río apenas trasparente.

Cuando ellos cambian
(o, simplemente, no están),
ya no son las mismas aguas.

Ya no ves los coloridos peces que las navegan,
ya no oyes cantar a los árboles circundantes,
solo son tristes ráfagas de viento que arrastran tu barca
intentando convertirla en astillas que cubran la orilla negra
donde el olvido se oculta.



Sueños de acero y cristal

Entre acero y cristal
se encuentran mis sueños.
Entre bellas olas de mar
sangrante y abierto.
Entre mariposas coloridas
que habitan campos de flores
grises (y ahora secas y marchitas).

Mis sueños,
un día pareciendo tan eternos y fuertes
y al siguiente (¡oh, rotos!),
en pedacitos tan pequeños...


Pecera

Mece el viento los árboles
cuyas hojas escarlatas arrastra el otoño
a través de la ventana.
Adentro, cuerpos tranquilos distraen sus mentes
entre marañas de papel y palabras.
Iluminadas por la luz de un cielo azul y abierto
emiten leves destellos las mesas verdes.
Alguna que otra planta se intercala
con papeleras y calefacciones blancas.
Todos nosotros, todos ellos, todo,
rodeado de paredes de cristal.
Al otro lado, visible pero ausente y lejano
como en un sueño,
se desarrolla un mundo paralelo.

Poemas 16


Amar

Amar
es la cura de la soledad, la depresión,
el cansancio de vida y la ausencia de sueños.
La gota de rocío de la más bella flor
acusando y venciendo al desierto más árido.

Amar
es volver a cogerte de la mano
como aquel primer día bajo las estrellas
y volver a perderme entre tus ojos verdes
respirando tan solo besos.

Amar
es ser feliz sabiendo que,
siempre presente (¡y futuro!) a mi lado,
se encuentra un ser perfecto.
Y yo te amo.



Tú y yo

Madrugará temprano el mar cada mañana
solo para ver a su lado
aquel instante nuestro.

Las olas rasgarán con su espuma plateada
las cenicientas orillas de arena,
ansiosas de arrancar nuestros cuerpos.

Oh, pero nosotros proseguiremos.
Volaremos más allá del mar inmenso
y sus espumosas olas blancas.

Más allá del horizonte, donde solo queden
el cielo abierto a la noche oscura
y un par de estrellas iluminándonos.

Allá, donde solo mora el silencio,
abrazaremos nuestros cuerpos enamorados
y, juntos, callaremos en un beso.



Una flor

Las suaves olas del mar rugen a lo lejos.
Yo las escucho, sentado en mi balcón de arena.
Yo, solo yo, y mi compañera, la noche silenciosa.

Una única flor crece en la playa.
Se eleva, minúscula y azul,
hacia el inmenso vacío oscuro.

Yo la admiro con ojos brillantes y alegres.
Sus dulces pétalos, su puro tallo.
Sus besos.

Oh, las olas rugientes arañan la arena.
Arañan la arena y me arrastran
entre sus espumas blancas.

Mi cuerpo desaparece lentamente entre ellas
dejando tras él solo burbujas de sangre
que se deshacen en la superficie.

Allá mismo, en el plateado mar,
crecerá de la sangre una flor aún más magnífica:
una rosa roja enamorada.




Golondrinas rojas

Una lluvia de cristales surca el cielo.
Vuela el aire y cantan los árboles.
Surcan nubes el campo verde.
Nubes rojas de sangre, rojas de rosas
y mariposas enamoradas.
Infantiles rayos de luz oscura
envuelven el tenebroso bosque
donde mi voz se pierde buscándote.
Si existe un solo eslabón de tristeza
es aquel que arrastra mi cadena.
Si existe un Dios entre los dioses
que arruinan nuestras vidas.
Si existe hambre en un mundo
donde solo existan sueños.
Oh, si existe una golondrina roja
es aquella que lleva mi amor.


Hoy he vuelto

Hoy he bebido por última vez de este vaso
de lágrimas que ya no habrán de ser derramadas.
Hoy, a la noche, he alzado mi mirada
hacia el cielo y he puesto nombre a esa estrella solitaria
que vuelve a iluminarme en silencio.
Hoy, he vuelto a soñar.


Hace tiempo

Hace tiempo que no cantaban los árboles,
repletos de pájaros multicolores,
que no volaban dulcemente las mariposas,
con la brisa,
en aquel campo de amapolas.



Ayer soñé

Ayer soñé con un océano verde
cuyas pupilas negras expiraban brillos felices.
¿Serían tus ojos o los míos?
¿O los de ambos, unidos por amor?

Ayer soñé que soñaba y nosotros,
sin alas, solo cogidos dulcemente de la mano,
alzábamos nuestro vuelvo hacia aquella estrella
que a lo lejos llevaba nuestro nombre.

La luna nos acunaba armoniosamente
al son de nuestros besos.
Qué importaba que el Universo no fuera infinito.
Nosotros, volando, lo haríamos.



Poemas 15


Sin decir adiós

¿Qué será de aquel mundo con el que todos
soñábamos?
De aquel resplandor azul, a lo lejos perdiéndose,
a lo lejos.

¿Qué será de nuestros ojos, nuestros ojos
tristes
y rajados con la intensidad de un relámpago vibrante
del azul lejano?

¿Qué será de nuestras almas en este océano
penoso
donde los felices se hunden por y para siempre siquiera
sin decir adiós?

Sin decir adiós nos vamos todos, sin rogar a Dios,
inexistente,
sin llorar inútiles, sin oscura piedra blanca
de lápidas amargas.



Destino

"Soñamos para no vivir
y vivimos para morir."
Es nuestro destino, está escrito en todas las plazas girses
por las que cada día caminamos.

Es el viento quien nos seca como hojas arrastradas del otoño.
Nos vuelve viejos a cada instante, nos vuelve locos.
Creemos oír un leve rugido de viento a lo lejos
y, horrorizados, nos obligamos a pensar que tan solo se trata
del oleaje bravo del mar arrugado en la arena.

Si vemos, a la noche, a un ser que prepara
sus alas negras para volar cuando despierte el alba,
le escupimos y maldecimos su nombre en alto.
Entonces, de pronto solos y asustados,
miramos a nuestro alrededor y vemos,
como a través de un velo transparente y ficticio,
la triste plaza que reza:
"Soñamos para no vivir
y vivimos para morir."

Después de escuchar estas palabras comprendemos
el misterio que guardaba el aire de amapola.
Mientras tanto, nos calzamos nuestras alas negras rotas
para volar cuando despierte el alba
(aunque ya están rojas de sangre, derramadas).



Muertos

Nunca volveremos a ver a aquellos que están muertos.
Sus rostros se convertirán en polvo
y su recuerdo lo perderá el viento.
El mismo viento que nos azota,
trayendo débiles y apenas audibles susurros
de aquellos náufragos del olvido.

Y la tierra marchitará para siempre.
Morirán los pétalos de rosa y las flores
y ennegrecerá el horizonte
que un día trajo la esperanza del sol amanecido.

Quedan solo caminos de piedra sesgados con hachas,
apenas iluminados, donde un tropiezo
significa caída irreversible
a ambos lados del precipicio
donde se esconde, oscura, la muerte.



Adiós

El río transcurre, rápido y cristalino,
arrasando a su paso.
Arrastra bosques de lágrimas malditas
y entresijos de sueños.

Sin embargo, perdurarán los picos nevados de las montañas,
las extensas praderas verdes rebosantes de flores,
así como las gráciles gacelas que las recorren
y los monos que trepan por los árboles colindantes.
Perdurará la naturaleza, y yo unido a Ella,
también viviré.

Pero vosotros, ¡oh, estúpidos, artificiales!
Creísteis ser inmortales en vuestro mundo
y ahora moriréis bajo el yugo de vuestra propia mano.
¡Adiós, humanidad! Hasta siempre.



No hay tiempo

No hay tiempo para el olvido en el amanecer sangriento
del que siempre sueña
sueños que acaban en nada, donde la nada lo es todo
y todo es vacío.

La felicidad se pierde, volátil, entre los muros altos
de esta casa fría y rota,
como pequeñas notas de música que fueron esbozadas
para jamás ser oídas.

Oh, nuestros ojos no ven los peligros detrás de la frialdad
de las bellas estatuas blancas.
Se pierden observándolas, pierden el tiempo, la sonrisa,
y acaban perdiendo la luz, la vida.

Poemas 14


Los sueños

Los sueños son pequeñas estrelas.
Los observas brillando más que nada
en la noche y alargas la mano
(se cierra sobre el aire)
y sientes que no los alcanzarás nunca.



Cuentos de hadas

Las olas del mar rugen a lo lejos.
Yo las escucho, sentado en mi balcón de arena.
Yo, solo yo, y mi compañera, la noche silenciosa.

Otro día, como hoy junto al mar,
te prometí que nunca cambiaría
y tú me prometiste lo mismo.
Ambos hemos roto nuestra promesa.

Pero qué importa ya si nuestros cuerpos perdidos
navegan sin rumbo, nuestras almas ausentes.
Si ya solo quedan montones de hormigón
sobre la calle que paseábamos.

Ya nuestros cuentos de hadas,
ya están perdidos nuestros sueños.
Y una última tirada de dados al mar.



Volaré más allá del mar

Soy sólo un ser efímero sin cuerpo
que escribe a la soledad fría.
Viandante de la misma calle donde todos soñamos
sueños que acaban en nada,
donde la nada lo es todo
y todo es vacío.

Fiel arpa rota cuya sagrada nota se perdió
hace ya mucho tiempo,
me arrastro por los suelos
como una hoja reseca, caída de algún árbol,
que va a parar a parques olvidados.

¿Existe el amor donde sólo cabe el odio,
donde se perdió hace tiempo su significado
y solo son peces asustadizos los que navegan
y huyen de este mar sangriento?
¿Existe el amor en estos ojos rotos?

Volaré con alas de plástico
más allá del mundo. Más allá
de lo inimaginable, donde solo quedemos
un cuervo triste y yo
esperando en silencio al anochecer oscuro.



Declaración de amor a la noche

Si no existe el tiempo, ¿qué importa que yo
sólo sea un instante más, perdido en el mundo?
Sólo amo a la noche.

Ella es mi única y triste compañera
en el desamparado silencio oscuro.
Sólo ella me cuida.

Sólo ella es capaz de acariciarme levemente
con esa brisa que tanto anhela
mi cuerpo roto.

Esa brisa esculpida en cristal blanco,
que es lo único que aleja mi eterna melancolía
con dulces escalofríos que recorren mi espalda.

Las suaves olas del mar rugen a lo lejos.
Yo las escucho, sentado en mi balcón de arena.
Yo, solo yo, y mi compañera, la noche silenciosa.

Sólo ella puede ser una persona
y al mismo tiempo nadie.
¡Oh, amor, tan lejana y ausente!

Solo, amo a la noche.




jueves, 1 de octubre de 2009

Poemas 13


Cementerio de sueños

¿A dónde van a morir los sueños?
Vagabundos de su propia memoria (el olvido),
deambulan por las calles de una eterna necrópolis desierta.
Buscan su tumba, dejando un rastro de huellas perdidas
que arranca llantos en las piedras del camino polvoriento.

Ya no hay lápices de colores que pinten
un bonito horizonte luminoso. Tampoco
una red de plástico que atrape las penas.
Ni tan siquiera falsos muñequitos de cartón en mi mente
que me susurren que todo irá bien.

Todos los sueños, hasta los más perfectos,
sólo son ventanitas de cristal
por las que observas, apoyado, la luz celestial del día.
Pero un día la ventana se rompe,
explota en mil pedazos de cristal
y caes por ese oscuro hueco que deja.

Ya no ves el sol, sólo oscuridad,
oscuridad en tu caída al vacío.
Y vas perdiendo el cuerpo, la mente,
todo aquello que un día lo fue todo
y ya sólo es polvo, cenizas...
nada.


Demasiado tarde

Todo acabó. Ahora es verdad
lo que un día sólo fue mentira.
Y las nubes se alejan con el viento.
Se van lo árboles, la hierba y las flores.
Puebla un horizonte oscuro el cielo inmenso.
No me hace falta levantar todas las piedras del camino
para saber que debajo de cada una hay una lágrima mía.

Nadie se salva de la tristeza.
Ni de creer perfecto lo que no es
y darse cuenta ya demasiado tarde.
Demasiado tarde para comprender que la única diferencia
entre un amanecer y el siguiente
es el inútil número que cambia en el calendario.
Demasiado tarde. Demasiado tarde
para dejar de caminar solos, abandonados desnudos al frío.

Pronto (no digo hoy pero quizá sí mañana),
se borrarán de la tierra nuestras huellas
y ya nadie nos dedicará
un pequeño recuerdo en su mente.
Es demasiado tarde ya para pensar.
Todos estamos muertos.

Allá donde moran los sueños...


Allá donde moran los sueños,
quiero depositar mi vela de papel;
prenderle fuego y dejar que arda
hasta que el viento se lleve sus cenizas...

Consulta de Jorge

En principio, y de hay viene la url de la página, este blog se llamaba "La Consulta de Jorge", en honor al gran libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente". Además, un personaje que casualmente llevaba mi mismo nombre introducía los textos que escribía. Como esto último ya no es así, he decidido cambiar el nombre a "Sueño del Poeta".