El Sueño del Poeta: Teatro
Mis versos se van, siguiendo cierto aire de amapola, pero seguirán vivos en: http://airedeamapola.blogspot.com/
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de febrero de 2010

Testamento


(Es invierno. Nieva, sobre un paisaje helado y blanco. Unos cuantos árboles descarnados y sin hojas se elevan a ambas orillas de un río. En el centro de la escena, entre árboles y de espaldas al flujo del agua, hay un hombre de aspecto demacrado. Está sentado en un banco roto y carcomido por el tiempo y habla con la mirada perdida, como si intentara vislumbrar a un amigo inexistente. Más allá de su voz, solo se oye silencio.)


Hombre.- Amigo, ¡oh amigo de mi alma, el único!
¿Qué he de hacer? ¿A dónde ir?
Estoy perdido, solo,
entre la nieve blanca y el olvido.
Perdido entre el sol muerto de noche,
encerrado tras el muro de invierno
frío, frío, frío.

>> Al fin y al cabo, ¿es que alguien no está solo?
¿Es que alguien no está abandonado, sin ropa y desnudo,
al mundo ausente y cruel que se extiende hacia todos los lados?
Y la felicidad, mi felicidad (tan inútil como la vuestra),
¿quién nos la robó y la guarda?
No os preocupéis, está enterrada, perdida,
y ya nadie nunca la encontrará.

>> Qué estúpidos todos esos inocentes sueños.
Sueños de grandeza, de éxito, de amor...
sueños felices (de felicidad absurda).
Pero, quién no los tuvo alguna vez?
¿Quién no cae en su seductora lujuria,
en su promesa de un futuro imposiblemente bueno?
Pero simplemente son sueños, mentiras mágicas
con las que nos engañamos cada mañana
para despertar sin cortarnos las venas.
Todos. Todos caemos un día al vacío
(todos, todo por la felicidad, todos los sueños).

>> No obstante, ¿acaso importa?
¿Acaso no fue todo siempre vacío,
todo siempre nada?
Aunque creyésemos ver sin ojos
otras cosas que, en realidad,
eran escaparates de tiendas con juguetes rotos.
Campos de flores grises que ya no cantan colores vivos
sino un lúgubre y triste cántico funerario.

>> Muerte. Después de todo, más nada (como siempre).
Muerte. El misterio de su velo negro aun tapa nuestros ojos
que intentan comprender donde no hay nada.
Que intentan aún desobedecer y cantar y ser felices
para morir de nuevo en un sarcófago de piedra fría.
¿Cuántas resurrecciones más podremos resistir?
Inexorablemente, alguna vez nuestro cuerpo ha de decir "no".
Igual que hacemos nosotros todos los días.
Entonces, al fin moriremos.
(Y, de noche, todas las tumbas son igual de negras).

>> Pero hasta entonces, sólo queda seguir sufriendo
en este páramo invernal de nieve blanca y río helado,
de bancos y campos grises
donde siquiera una rosa roja de amor o una amapola nacen.
Todo quedó envuelto en una tela vieja y sucia,
en un baúl roído y roto, abandonado
en el más inhóspito rincón de un desván olvidado.
Olvido. Me pregunto por qué no nos entregamos a el, amigo.
Todas las cosas, hasta las más bellas,
acaban por tornarse tristes y amargas un día
quizá más cercano de lo que solemos imaginar.

>>Oh, alma mía. Mi ser entero y aún más
(o, según se vea, nada),
Siquiera soy un falso poeta que pueda
ahogar su pena en versos de tinta oscura.
Siquiera sé escribir. Soy un pobre y maldito
mendigo de mi propio ser, de mi propia existencia.
¿Y qué hago sentado en este banco?
Nada. Absolutamente nada. Soy un cobarde (como siempre).
Igual que todos. Iguales. Todos somos iguales.
Todos nacemos como pequeñas criaturas blandas y feas
y vivimos soñando esperanzas muertas de cartón
[ que nos mienten despiadadamente.

>> Esperanzas. Sigo teniéndolas. Sigo siendo estúpido.
Pero son tan encantadoras... y, ¿cómo no amar?
Aunque sea a los alegres pájaros que siempre cantan en los árboles
o a los grillos entre las hierbas o al gallo al amanecer.
¿Cómo no amar?

>> Un momento. ¡Callad, ya no los escucho! Un momento.
¿Soy yo quien se pregunta por la vida,
por la felicidad, las esperanzas y el olvido,
por la alegría, los sueños y el amor?
¿Acaso importa todo eso?
Al fin y al cabo, todos estamos muertos.


(Un brillo de furia -o locura- impregna sus desorbitados ojos.)


Hombre.- Si miramos al futuro: estamos muertos.
Si miramos al pasado: estamos muertos.
Si miramos al presente: ya hemos dejado de existir.
Muertos.


(Se levanta enérgicamente, pero ahora su mirada ha perdido todo sentimiento. Sus pies van a dar con la nieve -casi se oye el crujido de dolor que emite esta-, dejándose caer como si no tuvieran vida. Comienza a caminar lenta y torpemente, alejándose poco a poco del centro de la escena, en dirección a la parte trasera. Mientras camina, continua hablando en tono bajo y profundo.)


Hombre.- Sígueme, amigo, y escucha.
Si, alguna vez, alguien preguntara, responde tú
(citando palabras mías, casi incluso versos):

>>"No quiero ser recordado por lo que soy.
Tampoco por lo que fui o podría haber sido.
Eso no forma parte de mí.
Yo sólo soy un ser destinado al olvido.
Otro gato más sentado en el pórtico,
de noche, donde todos somos grises."


(Desaparece finalmente envolviéndose entre las sombras).

sábado, 14 de marzo de 2009

Diálogo de besugos


(Dos hombres iguales se encuentran caminando, literalmente, por un río).
Hombre 1: -Hola, te llamas Mario.
Hombre 2: -¡Oh! Yo también, encantado.
H1: -Hace mucho que no venía por una calle tan húmeda.
H2: -¡Oh! Sí, parece que va a llover.
H1: No, ayer ya hice carne para comer, vas a tener que esperar al menos hasta mañana.
(El cielo azul se elevaba sobre ellos, sin nubes, y con un sol resplandeciente que hizo brillar el reloj del segundo hombre, el cual tenía puesto al revés)
H2: -¡Oh! Creo que he visto brillar algo dorado. ¡Quizá haya oro en esta calle!
H1: -Me gusta mucho tu reloj, tiene los números al revés, es muy original.
H2: -¡Oh! Arte histórico, ya sabes, como ese de los relojes derretidos, no sé si era Leonardo Da Vinci o Di Caprio.
H1: -No, Di Caprio fue el que escribió "La Gioconda". ¡Anda! ¿Estuvo ella aquí?
H2: ¡Oh! ¡Sí, seremos famosos! Todos los que pisan una piedra por primera vez lo son.
(Ambos esbozan una ilusionada e inocente sonrisa, como la de un niño al recibir una piruleta).
H1: -Pero no estamos pisando una piedra, estamos pisando esta calle húmeda. Que, por cierto, es demasiado larga y sigo sin ver ningún edificio, solo el parque este por todos lados.
(Se quedan un momento los dos parados, pensando. De repente, el primero sale corriendo hacia el borde del río y pisa una piedra).
H1: -¡Ahora sí que seré famoso! ¡Pero yo y solo yo! ¡Muajajajaja! (risa de psicópata).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él, pero falla, cayendo al suelo.)
H1: -¡Olé! Como una vez le dije a un ácaro: ¡esta vez tú muerdes el polvo!
H2: -¡Oh! ¡Qué chiste más malo!
(Ambos empiezan a reir a carcajadas y el segundo también cae al suelo por la risa. Después de un rato, se levantan y siguen caminando).
H1: -¿Qué dura es la vida, verdad?
H2: -¡Oh! Sí, parece que te vas a encontrar una piedra y al final son dos.
H1: -Y luego nos hacemos famosos. Bueno, no, ¡me hago famoso! ¡Muajajajaja! (Risa de psicópata de nuevo).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él de nuevo y esta vez sí acierta y caen ambos al suelo).
H2: -¡Oh! Como yo le digo a un hombre que me he encontrado poco antes de que lloviera: la vida son tortitas de maíz, mi querido pardillo.
H1: -¡Qué gran frase!
(Ambos empiezan a reír de nuevo a carcajadas. Después de un rato, se levantan, empapados, y siguen caminando).
H1: -Noto un cosquilleo entre la ropa.
(Un pececillo resbala por su camiseta y cae de nuevo al río).
H2: -¡Oh! Será el cambio climático, he escuchado que es muy malo.
H1: -¡Y la crisis! Dicen que hay que apretarse el cinturón, yo ya tengo unas marcas...
H2: -¡Oh! Bueno, volviendo al tema, ¿por qué venías por aquí?
H1: -Pues nada, acababa de tomarme un helado, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a ver una obra de teatro.
H2: -¡Oh! Parecido que yo: acabo de ver una obra de tratro, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a tomar un helado, antes de que llegue la tormenta y se derrita.
H1 (Pensativo) : -Sí, hace mucho que no oigo ningún pájaro.
H2: -¡Oh! Nunca te bañarás tres veces en las mismas aguas de un río. A la tercera va la vencida: te ahogarás.
H1: -Nunca digas nunca, pues si siempre dices siempre, siempre podrás decir nunca lo que dices siempre. Aunque siempre todo el mundo dirá que nunca dices siempre lo que a veces dices nunca.
H2: -¡Oh! Interesante conclusión. Yo no te puedo no decir lo que no es verdad, por lo que no te diré que no has dicho nada con lo que no pueda no estar en desacuerdo contigo.
H1: -Tienes razón, como bien decía yo: la vida es una caja de tortitas de maíz donde para ser famoso solo hace falta tomar un helado en una calle húmeda, ir a ver una obra de teatro en la que no se oyen pájaros, morder polvo en los ácaros o escribir "El Partenón", como la Gioconda. O también ver fantasmas.
H2: -¡Oh! ¿Sabes? Yo creo en los fantasmas. Y los veo. Es más, creo que hasta te estoy viendo a ti. ¡Seré famoso!
H1: ¡Seremos famosos!
Ambos: -Muajajajajajaja (Echan la cabeza a la vez hacia atrás quedándose parados y riéndose de nuevo como si fueran psicópatas).
H2: -¡Oh! Por cierto, yo te he dicho mi nombre, pero tú no. ¿Cómo te llamas?
H1: -Mario.
H2: -¡OH! Encantado, ¡yo también!

Consulta de Jorge

En principio, y de hay viene la url de la página, este blog se llamaba "La Consulta de Jorge", en honor al gran libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente". Además, un personaje que casualmente llevaba mi mismo nombre introducía los textos que escribía. Como esto último ya no es así, he decidido cambiar el nombre a "Sueño del Poeta".