El Sueño del Poeta
Mis versos se van, siguiendo cierto aire de amapola, pero seguirán vivos en: http://airedeamapola.blogspot.com/

lunes, 2 de febrero de 2009

El Jardín Silencioso

Hace ya tiempo que están secas las briznas de hierba, formando una alfombra rígida y oscura, que se mece incluso aunque ni la más leve brisa sople y sin que haya ni un solo movimiento. Se elevan sobre esta alfombra abundantes flores marchitas que dejaron sus vivos o suaves pero bellos colores abandonados en algún rincón en tiempos inmemoriales. Memoria… ¿qué significa eso donde los únicos recuerdos son recuerdos olvidados, donde los sentimientos vagan vacíos y los pensamientos no dicen nada? Precisamente eso, nada. Aquí todo es algo y nada a un mismo tiempo: los cuerpos, las acciones, las marcas que dejaron aún siguen, mas lo más bello y oculto, lo que no puede sentirse con los sentidos, eso expiró hace tiempo. Dicen que en este… lo podríamos denominar jardín, no existe el amor. Porque… ¿qué es el amor con recuerdos, sentimientos y pensamientos, pero todos ellos vacíos y olvidados? ¿Se puede decir “te amo” o “amo a alguien o a algo” si no recuerdas, no sientes y no piensas que amas? Es más, ¿se puede decir algo si no puedes recordar, sentir o pensar cómo decirlo? Sinceramente, no lo creo.

Pero nada puede ser perfecto, ni siquiera el olvido. En el esfuerzo de dejar todo lo hermoso a un lado, se dejaron una cosa: el silencio. Así que ahora y aquí, tras lejanas y olvidadas reflexiones, proclamo sin voz en el silencio que este mismo es lo más bello y único que existe, en el silencio puede haber infinitos pensamientos y puede no haber ninguno, puede haber cosas bellas que nunca llegaron a ser dichas, puede haber recuerdos no olvidados que jamás fueron contados, pueden haber muchos amores (o uno solo que valga más que todos ellos) y que no lleguen nunca a ser expresados; pueden pasar tantas cosas sin llegar a ser contadas que hasta puede llegar a no pasar nada… La naturaleza es sabia y, como yo, sabe que el silencio es el bien más precioso que existe, por eso lo ha hecho indestructible, pues se puede romper en pequeños y efímeros fragmentos de tiempo, mas no por siempre.

jueves, 15 de enero de 2009

Poema: "Si pudiera"


Si pudiera llorar lágrimas
capaces de a un desierto alimentar
y arrancar del cielo las estrellas,
dejando un oscuro velo.

Si con cada sufrimiento pudiera
estallar en carcajadas
y saber que no hubiera nacido
si el mundo fuera perfecto.

Si pudiera rajarse mi piel
por cada fragmento de corazón roto,
¿quién podría curarme,
si no tendría cuerpo?

Si mi alma pudiera hacerse ver
en cada rincón oscuro,
¿cómo la vería,
negro sobre negro?

Si pudiera volver a nacer
para disfrutar de una dulce muerte
entre las olas del mar
y sin el corazón sangrante y abierto.

Si en un sueño pudiera
volver a verte y a tocarte
una luz en tu mirada
y unos rizos en tu pelo.

Si pudiera… si pudiera todo eso…
si pudiera, sería feliz,
pues entonces y sólo entonces,
expresaría lo que siento.



martes, 13 de enero de 2009

Poemas 4

Sin título II

Ya no es la lluvia lo que resbala por mi ventana,
sino que son mis propias lágrimas.
Miro al cielo y no veo las luminosas estrellas,
sino una inmensa negrura, un océano oscuro.

Ya no me acerco al mar a buscar la calma
ni a disfrutar de tus dulces besos,
sino para que las olas, que tanto quieren llevarse arena,
se lleven mi amor perdido con su suave murmullo.

Ya no son palabras esto que escribo,
sino la tinta que desprenden mis sentimientos,
sin sentido, para envolverla en un papel
y estrellarla contra un muro.

Pronto se llenaron los tarros del olvido,
de lágrimas, de sentimientos y recuerdos
que solo esperan que se los lleven la lluvia, la noche y el viento.

Me quedo mirando un reloj parado,
esperando y deseando que pasen las horas,
como quien espera que resucite un muerto.

Ya no resbala la noche ni se llenan las olas,
ya no se acercan las lágrimas ni se estrella el olvido,
ya no se oye un "te quiero".


Una bala

El mar quedó sin ráfagas y el viento sin olas,
el día quedó sin sol y la noche sin luna
y el negro sin blanco.
La muerte quedó sin vida al llegar al tierno cuerpo
en forma de una pequeña bala.
Una mirada que huye, una sonrisa que se apaga,
la calidez escapa y solo queda el mar tranquilo,
sin ráfagas, y el viento sin olas.
Una vida en un segundo pasa en fragmentos
de historias olvidadas, una película desechada.
En las ramas, solo se oye el alegre canto de los pájaros,
como la calma después de la tormenta,
después de aquel estallido de sol sin luna
y negro sin blanco.
Los músculos fallan, las piernas ceden y el cuerpo cae
con el murmullo sordo de una leve brisa levantada.
Cae entre las cenizas y el cemento y el polvo,
en una alfombra de hojas secas y desechos humanos.
Ya no hay tiempo para vacías palabras mojadas en tinta,
ya solo queda el olvido.

lunes, 22 de diciembre de 2008

La Carta

Los pájaros cantaban alegres en la mañana. Óscar se incorporó en la cama y se desperezó. Subió la persiana lo husto para que un suave haz de luz entrara por la ventana. Se vistió y desayunó tranquilamente, hoy no tenía que trabajar, era domingo.

Como todos los días, salió a dar un paseo a la tímida luz del sol de la mañana, para dejar que la fresca brisa de la orilla del mar despejara su mente e intentar inspirarse.

Después de tres horas de paseo y calma (como todos los domingos, a las 12 en punto), volvió a casa. Según llegaba, se fijó en que había una carta nueva en el buzón. La cogió y, sin abrirla aún, entró en casa y subió a su cuarto.

Se sentó en la mesa de su escritorio (él era escritor, y en esa mesa era en la que la fina punta de su pluma rasgaba suavemente la superficie blanca para encontrar palabras). Abrió la carta y comenzó a leer:

Estimado Óscar Fernández Ruiz,

Como ve, sé su nombre y sus apellidos, sin embargo usted no me conoce a mí. Le diré simplemente que sus novelas y cuentos me apasionan y lloro cada vez que leo alguno de sus poemas.

Movido por la adoración que le profeso, le he estado observando estos días. Levantarse a las 9, desayunar y vestirse tranquilamente, dar sus paseos de dos horas, sentarse en el escritorio (en el que seguro que está leyendo esta carta) para rasgar con su pluma el papel...

Y me ha llamado una cosa verdaderamente la atención: no hace nada que le pueda distinguir de los demás. Bueno, con un matiz, escribe magníficamente; pero por lo demás, si alguien lo ve por la calle sin saber que es Óscar Fernández Ruiz, podría confundirle con cualquier otro, pues el poder de su mano y su mente es invisible (como he descubierto que es todo lo importante) a la vista de nuestros ojos.

Por eso (me avergüenza decirlo pero es verdad), le he empezado a tener envidia... y esta no es sana. ¿Cómo puede escribir tan bien si aparenta ser normal?

En fin, qué le voy a hacer...

Sin más, me despido añadiendo sólo una cosa: hasta siempre. Por que estás palabras serán las últimas que lea, Óscar, de eso me encargaré yo...

Los pájaros cantaban alegres en la mañana...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Sin título I

Volver a escuchar tu voz rozando el viento y llegando a mí,
volver a sentir en la oscuridad la luz de tu sonrisa,
encontrar tu mirada en la mía y notar nuestras almas próximas,
sentirte a mi lado aunque fuese un instante.

Hiela el frío gotas de agua suspendidas un segundo en el aire,
caen hojas del otoño presas como el llanto de los árboles,
el viento caprichoso las sacude y las arrastra
a rincones oscuros en olvidados parques.

Deposita la humanidad los desechos en sus caminos de cemento
y forma con la lluvia un ungüento apetitoso,
a donde van a parar las hojas caídas para terminarlo,
mientras los hombres caminan tranquilos por la calle.

Allí irá mi cuerpo y mi alma, por el sendero de la pena,
atravesando profundos mares de lágrimas
y desiertos de sentimientos,
para encontrar mi lugar, entre los desechos, entre los llantos,
entre las hojas caídas,
y mientras ahí arriba solo escuchan el canto de los pájaros,
yo solo puedo no dejar de amarte.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Poema: "Vuelan"

Vuelan de todos los colores pájaros de hierro,
vuelan en su triste pasar por violentas ráfagas,
vuelan rápidos, vuelan negros.

Al mismo tiempo se funden en mi trivial mirada
en verdes gotas del llanto del cielo,
en los cristales de mi ventana.

El viento ruge y las arrastra y las mece,
como a los granos de arena en la playa,
para abandonarlas descuidadamente.

Pero los pájaros no se dan por vencidos,
los pájaros vuelven,
retoman su camino.

De ira recubren su ya oscuro halo
y se someten vagos a su destino,
guardando el llanto en tarros olvidados.

Corroe sus cuerpos el llanto ácido
pero, sin darse cuenta y cansados de no hacer nada,
siguen sus absurdos cánticos.

Entre la masa de plumas negras sueñan alcanzar un lugar
grande,
un desierto árido,
donde, aunque no lleven a ningún lado, sus vuelos canten.

Y vuelan, estúpidos y negros, olvidados,
para desplegar, tomando entonces de la muerte parte,
en el cielo sus alas negras y en mi ventana su canto.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Poema: "Quiero llorar"


Quiero llorar


Quiero llorar

y que las lágrimas rocen mis mejillas
en torrentes de palabras muertas
y en cascadas que giren en torno a mi vida.

Quiero llorar
y que estas lágrimas de cristal
rompan en estrépito contra el suelo
como si anunciaran mi funeral.

No hace frío ni tampoco llueve,
el pozo es demasiado grande,
solo existe el rumor de las lágrimas
que amenazan con ahogarme.

Y me hundo y hundo más
como si buscara la llave
de mi vida para decirle a la muerte
que haga el favor de llevarme.

Y esta cascada de cristal
que resbala por la ventana
y va a formar al suelo un charco
en el que veo mi cara deformada.

Me encierro tras estos muros de lágrimas y tinta,
de cristal y palabras,
aquí, donde los pájaros callan y solo hay silencio;
aquí, donde mis lágrimas mueren en un charco de piedra fría,
aquí, donde estoy solo... y sólo hay nada.

jueves, 27 de noviembre de 2008

¿Por qué no darse cuenta?

(Nota del autor: es una historia que tenía que hacer para clase de Lengua con las siguientes limitaciones: el título debía empezar por "¿Por qué...", debía aparecer la palabra "camino", el verbo "acabar" en alguna de sus formas, al menos un diálogo, una metáfora y se tenía que desarrollar en Santander por esta época que vivimos.)


Estaba sentado en el alféizar de la ventana cuando el cielo oscuro empezó a teñirse de rubio en aquel barrio a las afueras de Santander. Permaneció inmóvil, impasible, dejando que la brisa del alba acariciara su rostro y meciera sus cabellos, tiñéndolos de destellos dorados. A sus oídos llegaba el alegre canto de los pájaros despertando la mañana, con el que se deleitaba antes de que llegara el ruido de esas máquinas inundando todo.

Al cabo de un rato, el aparatoso pitido del despertador lo sacó de sus ensoñaciones. Se bajó del alféizar y lo apagó bruscamente. Odiaba aquel desagradable sonido que irrumpía en la armonía de la mañana y el canto de los pájaros. Desgraciadamente, era necesario para no llegar tarde a clase.

Se vestía con lo que su mano al azar elegía del armario, sin las órdenes de su aún ausentada mente, procurando no repetir lo del día anterior. Iba a desayunar a la cocina con sus padres, pero apenas hablaban. Ellos estaban demasiado dormidos, él no se esforzaba, con la mente aún llena de ensoñaciones y pensamientos.

-Buenos días -saludaba.
-Buenos días -respondían sus padres, terminando toda conversación.

Después, su padre lo llevaba en coche a clase. Tampoco hablaban, uno demasiado dormido, otro demasiado abstraído.

Pasaban las clases, las horas y, cuándo quería darse cuenta, ya había acabado otro día más, sin nada interesante.

Esta podría ser una buena descripción de lo que era mi vida hasta ahora. Días aburridos y monótonos, como el sonido de las agujas del reloj en su largo camino.

Pero hoy todo ha cambiado de repente. Me he levantado, he hecho todo lo que hago siempre, monótono y aburrido, sin que mi mente soñadora percibiera apenas nada. Llegué al colegio, fue algo extraño, nadie me hablaba, parecía que ni siquiera me veían. Pero como normalmente tampoco solemos hablar mucho, lo atribuí a que no les apetecía o habían quedado en algo entre ellos para conseguir apartarme del todo, así que no le di mucha importancia.

Así, volví a casa, habiéndome olvidado ya de la anécdota del colegio y sin darme cuenta de lo que hacía.

Llegué y, tras comer, me senté al sofá a ver las noticias del día. Según puse el canal local, escuché atento, estaban relatando que había ocurrido un incendio en la calle San Fernando, número 34, primero izquierda. Tras un instante de lucidez, justo antes de la tormenta, comprendí que había muerto entre las llamas mi único y mejor amigo. Entre risas y lágrimas pensé:

"Qué tonto he sido, ¿cómo no me he dado cuenta de que esta mañana me he levantado muerto?".

viernes, 7 de noviembre de 2008

Poema: "Un sueño"

Un sueño

Trece años, camina hacia el colegio.
Se sienta en su pupitre,
sola y sin amigos.
Pero no le importa, sabe que ese
no es su sitio.
Ama los sueños, sus sueños, sí,
ese es su sitio.

Desde que llega a casa es su único anhelo,
que anochezca,
y con la luna y la noche,
lleguen la cama y los sueños.
Los sueños, sus sueños, eso que tanto ama.
Dragones, héroes y tiranos,
ser princesa en su castillo.

Lo único que anhela más que soñar sus sueños,
es poder vivirlos.
No comprende,
es demasiado joven.

Y otra tarde más llega a casa,
melancólica,
y saluda a sus padres deseando que llegue
la luna y la noche.

Sube a su cuarto y cierra la puerta,
pasan las horas.
Por fin llega el mágico instante, llegan
la luna y la noche y las estrellas.

Ya está entre las suaves sábanas
y la cabeza contra la almohada,
ya está adormecida por la suave brisa
que roza su ventana.

En un último acto consciente,
desea lo de siempre:
soñar y soñar y no despertar.

Pero hoy el sueño es diferente,
quizá no acertemos
llamándolo sueño...

Sólo hay soledad y frío,
oscuridad,
parece una réplica de su vida.
Se adentra más,
ansiosa de encontrar
su castillo, sus ropajes de princesa,
su príncipe, sus dragones,
a la vuelta de esa esquina
o más allá,
al fondo.

Pero no sabe qué es esto.
No sabe que por fin va a soñar y soñar
y no despertar,
porque este es su último y gran sueño.

Egocéntricos

En el camino de vuelta a casa, vi un cartel de una asociación humanitaria, que me ha hecho reflexionar mucho... Bueno, empecemos por lo esencial, esta asociación se dedica a recoger fondos para ayudar a países del tercer mundo. Esto en principio es muy bonito, está muy bien, como el tema de los derechos humanos y todo eso, pero me pregunto:

¿No deberían también, según el mismo criterio que aplican para decir que todas las personas tienen los mismos derechos (y como consecuencia se da origen a la solidaridad), tener los mismos derechos un animal cualquiera, una planta o cualquier ser vivo? ¿Acaso no viven ellos también? ¿O es que nos creemos mejores? ¿No va eso contra la doctrina que se intenta difundir de la igualdad entre personas, que nadie por "ser mejor" tiene más derechos que los demás? ¿Acaso no se debería apoyar la evolución de los animales, plantas y etc. igual que apoyamos el desarrollo de los nuestros? Esto, por lo menos en mi opinión, demuestra lo terriblemente egocéntricos que nos creemos, desde el primer hasta el último ser humano de la Tierra.

Aún reflexionando esto me metí en la cama, pensando, con impotencia y pasotismo a la vez, que no podía hacer esto solo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Poema: "Realidad soñada"

Realidad soñada

Estás, estás aquí a mi lado,
sí, a mi lado estás,
después de tanto tiempo soñado,
por fin estás,
aquí,
a mi lado.

Despierto, otro sueño,
no es real,
sólo la expresión de mi más profundo deseo,
no es real.

Maldigo mi propia imaginación, mi propia inocencia,
maldigo,
por haber creído que estabas, un imposible,
aquí a mi lado.

Impotencia abrumadora que me invades,
cual ladrón,
soy la nueva víctima de tu engaño,
otro sueño.

De sueño en sueño espero el paso del tiempo,
una eternidad,
o un instante hasta volver a verte,
aquí, a mi lado.

Espero y me desespero, vana es la espera,
inútil, que yo
ingenuamente creí haber creído, haber soñado...
sólo es otro sueño.

En este laberinto de sueños perdidos y rotos,
de engaño y mentira,
de muros inexpugnables entre los que, perdido,
ya sé que no sólo fue un sueño.

lunes, 6 de octubre de 2008

Camino

"Hace tiempo que camino a oscuras. Camino a oscuras, por un sendero marcado con antelación, tengo miedo de lo que pueda pasarme si me salgo de él. El ruido de mis pasos rebota contra la oscuridad y atormenta mis oídos, amenazando con dejarme sordo. No tengo comida ni agua. ¿Acaso los necesito? La lluvia empieza a caer. Sí, no me preguntéis cómo, pues como vosotros pensaba que estaba en un lugar cerrado, donde la única opción era seguir el camino. Pero no, la lluvia cae sobre mi cuerpo desnudo y me moja, haciéndome sentir frío. Ah, ahora recuerdo que se me había olvidado comentarlo, estoy desnudo. Aunque, pensándolo mejor, primero tendría que averiguar si tengo cuerpo, pero esta oscuridad opresiva no me deja ver nada.

Sigo andando por el sendero durante horas, días, años. Espera un momento. No tengo reloj, quizá sólo es un segundo que se me ha hecho eterno.

Así que sigo caminando, durante este eterno segundo, buscando algo, pero nada en concreto, es decir, sin buscar nada. Camino. ¿Por qué camino? Porque hay un sendero delante de mí. ¿Por qué no voy a otros lados? Pero qué cosas preguntas, en otros lados no sé si habrá camino.

De repente, noto una presencia a mis espaldas. Sorprendido y aterrado, me doy la vuelta. ¿Cómo imaginar que hay algo más aparte de mí y el camino? No veo nada, pues todo está oscuro, pero alcanzo a intuir la presencia de otro "algo". Primero, un escalofrío me recorre. Después de unos instantes, emocionado, la abrazo. Tan ansiada, la había esperado durante todo este tiempo sin saberlo. Me dejé llevar por su suave tacto, sus dulces caricias, el sentimiento de que me elevaba lentamente, gozando de su presencia.

Mientras continuaba la placentera ascensión, separé un momento la vista de mi salvadora y "observé" (mejor dicho, intuí) la presencia de otros, que, como yo, seguían un camino prefijado. Seguí ascendiendo, mientras continuaba observando la variedad de caminos:

Había caminos paralelos, donde los caminantes, aparte de intuirse el uno al otro, poco más podían hacer, sus senderos nunca llegaban a cruzarse. Había otros solitarios (como el mío), que ni siquiera podrían intuir nunca la presencia de otro alguien. Otros, se cruzaban en ciertas partes, de manera que los caminantes podían disfrutar de otras presencias en determinados momentos. Los que más me llamaron la atención fueron los caminos que avanzaban unidos, es decir, los caminos de 2 personas. Qué felices debían ser.

Continúe subiendo, mientras mi vista alcanzaba curiosa a más y más caminos. De repente, apareció uno que llamó mi atención. No era un camino cualquiera. Su caminante, lejos de dejarse guiar por la prefijación de su sendero, lo agarraba con fuerza y lo iba girando, a su gusto. Escandalizado, me pregunté cómo era posible. Quién se creía aquel, que pretendía cambiar la dirección de su camino. Sin más, terminé mi ascensión, con la frustración aún en la mente."

Los presentes aplaudieron, emocionados, ante el relato que acababan de oír. El que lo había leído acataba los aplausos agradecido. Sin duda, era un gran relato, el relato de su muerte.

martes, 30 de septiembre de 2008

Una vida destrozada

Volvía a casa andando, fijándome en un mendigo en medio de la calle, pidiendo limosna, como todos los días. Sus ropas estaban raídas a más no poder, apenas tenía carne en los brazos, estaba totalmente desnutrido y su piel se mostraba muy sucia. Miraba a los que pasábamos semi-cegado por las cataratas que acosaban sus ojos, mientras continuaba en su triste labor de pedir limosna. Destrozado por la pena que sentía por aquel pobre mendigo, le dejé una cuantiosa limosna (por lo menos en comparación con la normal) y continué mi camino hacia casa.

Ahora que ya he llegado, siento que el mendigo me ha inspirado para escribir un nuevo relato:


Observo el campo a mi alrededor, donde el viento esparce las hojas caídas de los árboles. El viento, el mismo viento que arrastra estos trozos de mi vida, de mi corazón, de mi alma. Apesadumbrado, miro al cielo, observando tornarse grises las nubes y su llanto descargar sobre estos campos. Llanto, el mismo llanto que cae sobre mi herida, intentando cicatrizarla, pero sólo consiguiendo aumentar el dolor.


Al fondo, veo a aquel hombre desesperado; el viento y la lluvia arrasaron su cosecha, arrasaron su vida. Continúa lloviendo, y el viento azota cada vez con más intensidad, mientras el hombre intenta salvar a sus pobres plantas. Y llora, imitando al cielo, observándolas morir una a una.

Destrozado, levanto la vista del espejo y la dirijo a mi cosecha arrasada. Mis plantas, mis pobres plantas, que sucumbieron ante la lluvia y el viento.

La tormenta llega, y las gentes de la ciudad respiran tranquilas, pues ven que está lejos de ellos, en medio del campo.

Que tire sus rayos sobre mis pobres plantas destrozadas, sobre mí. Qué más les da a las gentes de la ciudad. A ellos no les llega, y eso basta.

Sólo es uno más.


Terminé el relato emocionado y lo guardé con los demás. Mañana volvería a pasar por la misma, calle, viendo al mismo mendigo, con las mismas ropas, las mismas condiciones, diciendo las mismas cosas. Y sentiría la misma pena.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Poemas 3

Estoy sentado en un sillón, en mi consulta, mientras aún recuerdo a mi querida paciente, ya que la cita con mi ultimo paciente me ha resultado algo aburrida. Pienso en ella, mientras espero que todo le vaya bien.

Mientras sigo pensando en ella, me siento inspirado, así que cojo boli y papel y empiezo a escribir:


Amor

Lloro lágrimas de amor,
sentado en la cama,
echando en falta mi corazón,
mi alma, una razón para existir.
Me siento solo, solo
como aquel pájaro al viento
en medio de un océano helado.
Y vacío, como una botella que,
ya usada, se abandona en cualquier lado.
Lloro estos versos
y mis lágrimas se funden con la tinta
creando un río de palabras de amor sin sentido.
Qué más da que se pierda lo escrito,
ella se fue y lo demás no importa.
Que la vida acabe,
el mundo desaparezca
y no haya nada,
yo seguiré llorando.
Puede que estas lágrimas
sean las últimas que hablen de ella,
puede que continúe llorando hasta mi muerte...
y puede ser que ambas cosas sean lo mismo.


Cuando me muera

Cuando me muera,
lloraré por no poder llorar,
reiré por no poder reír.
Sentiré que no siento nada,
que me dan igual aquellos a los que quería,
que me doy igual yo mismo.

Cuando me muera,
gritaré en el silencio de la soledad,
viviré en un mundo de inexistencia,
viajaré por el vacío y llegaré a ninguna parte.

Cuando me muera,
sabré mi propio futuro, es decir, nada;
veré mi esquela en un periódico que no llegaré a leer.
Me contaré chistes sin voz
en mi mente desaparecida
y reirá mi boca, ya perdida.

Cuando me muera,
hablaré conmigo mismo
en un diálogo en el que no diré nada.
Amaré el vacío,
pues no habrá otra cosa en la que depositar mis inexistentes sentimientos.
Sabré que no sé nada.

Cuando me muera,
navegaré perdido por este océano oscuro,
sangrará mi inexistente corazón,
haré infinitas cosas
y no haré nada, no seré nada.


Solo

Solo, en esta ciudad desierta,
sin nadie que me acompañe,
ni una mísera ráfaga de viento.
Ando por estas calles solitarias,
me paro y espero mientras observo
mi alrededor en busca de alguien.
Pero por mucho que ande,
que espere o que observe,
estoy solo, perdido en mí mismo,
en esta ciudad desierta.
En el cielo no hay nubes,
ni tampoco está estrellado,
una inmensa negrura
se alza sobre mí,
haciéndome sentir minúsculo y sin valor.
Creo que me estoy volviendo loco,
hace días que no hablo,
quizá ya no sepa;
me limito a andar, esperar, observar...
intentando perderme a mí mismo,
ya que no encuentro a nadie más.

Navego

Navego en un barco,
sobre el río de mis lágrimas,
un río de recuerdos y sentimientos,
un río por el que mi velero,
descontrolado, navega perdido.
Y así, sin rumbo ni brújula, ya perdido el norte,
llegaré a perderme hasta a mí mismo,
ahogado en mis propias lágrimas,
perdido en mi propio río,
en este infinito vacío.

Le di los últimos retoques y, contento por el resultado, guardé los poemas y salí camino a casa.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Groucho Marx

Estoy en casa leyendo citas célebres de distintos autores antes de ir a la consulta, ya superado (por lo menos en la maoyr parte) el dilema amoroso, cuando de repente se me aparece una de Groucho Marx (de cuyo genial humor yo ya tenía noticia) y no puedo sino leerme todas sus frases:


La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.


Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!.

Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.

Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien.

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.

Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción.

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor.

Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

Todavía no sé qué me vas a preguntar, pero me opongo.

Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.

He tenido una noche absolutamente maravillosa. Pero no ha sido ésta.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?

Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.

Debo confesar que nací a una edad muy temprana.

¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande.

La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.

¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.

Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado.

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Citadme diciendo que me han citado mal.

Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario.

¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso.

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.


Por último, y para concluir la faena, su epitafio (la nota en su tumba):

Perdonen que no me levante.


"Este hombre es un genio", pensé mientras reía.

Después de esto, tras haber pasado un rato muy agradable y divertido con este hombre de humor fabuloso, salí hacia la consulta, pues me esperaba un nuevo día de trabajo, con un nuevo paciente.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Ella

Acudió a mi consulta un día, otro día y al siguiente. Así consecutivamente hasta hoy. La veo irse por la puerta, intento reprimir las lágrimas hasta después de que salga. Me acaba de decir que ya no volverá o no cree que vuelva, pues ya da por finalizada su asistencia a la consulta, se va a otro país. Durante estos días, este mes, la había tenido aquí todas las semanas, pudiendo disfrutar de su agradable presencia día tras día mientras yo, encantado, la ayudaba a sobrellevar sus problemas. Sin embargo, ya está, ya no volverá más, y ahora siento no haberle dicho que me había enamorado de ella, en vez de una simple despedida de "ha sido un placer ayudarte, quizá algún día nos volvamos a ver".
Ya se fue y me quedo sentado en el sillón, con la mirada baja, mirando sin ver al suelo, mientras las primeras lágrimas caen por mis mejillas. Lentamente, me levanto y empiezo a buscar. Buscó algo muy especial, un poema, un gran poema de amor, del gran Pablo Neruda. Sé que me hará llorar más, pero no me importa, sólo quiero volverlo a leer y sentirme identificado con sus versos:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.



Las lágrimas empezaron a caer a raudales por mis mejillas y yo, sin más, me llevé las manos a la cabeza y me dediqué a llorar en silencio.

Pasado un buen rato, me levanté y salí para casa. El día era frío y lluvioso, parecía que el tiempo quería acompañarme en el sentimiento.

Llegué a casa, me tumbé en la cama y cerré los ojos. Estuve un rato así meditando hasta que sentí ganas de escribir yo también mi propio poema. Sé que en comparación con el de Neruda iba a resultar insignificante, pero qué le iba a hacer, y necesitaba desahogarme. Así pues, cogí papel, bolígrafo y me dispuse a escribir:

Estoy sentado en la cama,
las lágrimas resbalan por mis mejillas
mientras miro por la ventana
caer la lluvia en la calle.
Se me aparece tu imagen
y ahora comprendo que no es cierto
el refrán de "Nunca es demasiado tarde".
Mientras miro la cama,
caen lágrimas en la calle,
estoy sentado en la ventana
y la lluvia resbala por mis mejillas.
Una ráfaga de viento cruza la estancia,
mi cuerpo cae al vacío,
infinito para mi mente;
pero no importa,
dejé de hacer demasiadas cosas...
simplemente, no te dije "te quiero".

Vuelvo a romper a llorar, esta vez con más intensidad aún si puede ser y me tiro a la cama, con la cabeza contra la almohada. Al cabo de un rato, y con la almohada mojada de mis lágrimas, me levanto y, siguiendo mi propia doctrina, me dispongo a aceptar que se va, que posiblemente no la volveré a ver más, que quizá nunca sea mía. Daría lo que fuera por tenerla aquí a mi lado, tenerla por siempre, por un tiempo infinito inacabable, besarla, tocarla, tener sus suaves rizos castaños entre mis manos, tenerla, que ella me amara en un grado tan inmenso como la amo yo. Durante siglos y siglos.

Pero he de ser realista, nunca la tendré a mi lado, ni su cabello en mis manos, ni sus suaves curvas, nunca tendré su boca contra la mía, nunca me dirá un "te quiero", simplemente porque no estará aquí y no será lo que sienta. Y esto, duele, oh, sí que duele.

Miro aquel parque allá a lo lejos. No ha nadie. Miro la calle. Tampoco. El normalmente bullicioso bar, tampoco. Me siento terriblemente solo, como si el mundo acabara aquí, por el simple hecho de no tenerla a mi lado. Sí es así, que el mundo acabe ya, por favor, no quiero soportar este tormento más.

Me quedó un rato así, sin hacer nada, sin pensar nada, dejando vagar mi mente por la nada. Salgo de mi ensoñación y me fijo que sí que hay gente en el parque, sí que hay gente en la calle, sí que hay gente en el bar. Qué estúpido he sido, que me propuse ver con los ojos cerrados. En el parque vi un brote tierno de una semilla que acaba de germinar.


(Nota del autor: para evitar confusiones, por si acaso, aclaro, el primer poema, como ha dicho Mario, el personaje, el psicólogo, es de Pablo Neruda, un gran poema sin duda alguna, quizá sea el mejor poema de amor. El segundo sí que es mío. Para veces posteriores, todo lo que dice el personaje que escribe él, lo escribo yo, y, por supuesto, si dice que algo lo escribe alguien, ese aluien es el que lo ha escrito en la realidad)

lunes, 1 de septiembre de 2008

¿Único?

Estaba tirado en la cama, demasiado aburrido como para levantarme, dejando vagar mi mente por el mundo de los pensamientos cuando me vino a la cabeza una idea. Me incorporé lentamente y me puse a pensar sobre ello. Siempre había dado por supuesto que todas las personas eran como yo (no de aspecto físico sino más bien en lo psicológico, es decir: podían pensar, tomar decisiones...), pero estas reflexiones me llevaron a pensar que yo podría ser único. Lo que me llevo a pensar esto es que puede que los demás simplemente estén programados, es decir, no tengan capacidad de elección ni piensen como yo. Porque, podía estar todo programado sin ningún problema. Quizá si algún científico había realizado un descubrimiento era porque algo lo había "marcado" así, o simplemente había nacido "marcado" de esa forma. No era una perspectiva atractiva precisamente, y pensar que todo podía ser así me hacía sentirme solo, terriblemente solo.

Al pasar por un kiosco vi al dependiente que le vendía el periódico a un anciano señor y me pregunté si de verdad aquel señor había tenido la voluntad propia de ir a comprar el periódico o estaría grabado en su ser.

Seguí reflexionando y me di cuenta de una cosa, mientras mi miedo aumentaba por momentos, también podía ser que yo estuviera planificado. Puede ser que cada pensamiento, cada sentimiento, cada idea, estuviera "marcada" en mí ser. Si es así, esto que estoy pensando no he llegado a ello porque sea especialmente listo o loco, sino porque estaba predestinado a ello. Porque, si no, ¿cómo es que me podía relacionar con los demás y que ellos supieran actuar en función de lo que yo les decía?

Tras darle más y más vueltas, pensé incluso en que todo pueda ser en una disposición de la imaginación, que todo esto que siento (tanto por los sentidos como los sentimientos) fuera una invención de mi imaginación que, mientras mi mente permanecía dormida, había expuesto en ella a fin de no aburrirse.

Seguí pensando y pensando y cada vez se me ocurrían otras perspectivas. ¿Y si los religiosos tenían parte de razón, y después de esto había otra vida, esto eran imaginaciones mías y después vendría la vida? ¿Y si simplemente yo fuera un ente compuesto simplemente por imaginación, una imaginación que me hacía "vivir" todos estos momentos.

Me sobresalté al oír un ruido, había olvidado que estaba sentado en la cama. Me orienté rápidamente y detecté la procedencia del ruido: el móvil. Me incorporé algo mareado y miré quién llamaba. Mi novia. Entonces pensé: <<¿Qué más da cuál sea la realidad? Nunca lo sabré, pues hay posibilidades ilimitadas y es imposble demostrar que sólo hay una. Así, aquí, en esto, sea lo que sea, yo soy feliz y eso es lo que importa>>. Así pues, con una sonrisa en la boca y ánimos renovados, respondí a la llamada.



Ahora, en mis últimos días de vacaciones, mientras disfruto de un tranquilo y fresco hotel en Finlandia, se me ocurrió este cuento, tumbado en la cama, algo aburrido, simplemente descansando en mis últimos días de tranquilidad. Los mismos pensamientos que al personaje habían pasado por mi mente, y había llegado a la misma conclusión.

El móvil sonó, me llamaba mi mejor amigo.

domingo, 24 de agosto de 2008

Mi estaca

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos,y lo que más me gustaba de ellos eran los animales.Me llamaba especialmente la atención el elefante que,como más tarde supe era también el animal preferido de otros niños.Durante la función,la enorme bestia hacía gala de un tamaño,un peso y una fuerza descomunales...Pero después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario,el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.

Sin embargo,la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo.Y aunque la madera era gruesa y poderosa,me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza,podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente.

¿Qué lo sujeta entonces?.

¿Por qué no huye?.

Cuando era niño,yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores.Pregunté entonces por el misterio del elefante...Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia:"Si está amaestrado,¿por qué lo encadenan?".

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo,me olvidé del misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se hacían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años,descubrí que,por suerte para mí,alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy,muy pequeño.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca.Estoy seguro de que,en aquel momento el elefantito empujó,tiró y sudó tratando de soltarse.Y,a pesar de sus esfuerzos,no lo consiguió,porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar,y al otro día y al otro...Hasta que,un día,un día terrible para su historia,el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa,porque,pobre,cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.

Jamás,jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.


El otro día estaba leyendo este cuento, del libro "Déjame que te cuente..." de uno de mis escritores preferidos: Jorge Bucay. Ya había leído este cuento otra vez anteriormente, pero me volvía a parar a pensar sobre él. Casualmente, había hablado recientemente con una amiga que me había comentado lo mucho que le había costado hacerme hablar (sí, soy muy tímido), hasta ahora que eramos muy amigos y con ella era de las personas con que más me soltaba a hablar, gracias a su perseverancia.

Casi sin quererlo, relacioné el tema con el cuento. Yo, desde pequeño había tenido una estaca, la timidez, de la cuál por mucho que lo intenté no conseguí librarme. Ahora, ya mayor, seguía sin intentar con todas mis fuerzas escaparme de esta estaca. Sí, lo intentaba, pero sin mucha insistencia y, sobretodo, pensando:

No puedo y nunca podré.

Sin embargo, mi amiga, que ahora entiendo que tanto ha hecho por mí, mediante su insistencia en seguir hablándome aunque yo apenas lo hiciera provocó tal sentimiento de empatía en mí que sí que puse todas mis ganas (quizá en parte sin saberlo del todo) en liberarme de la estaca.

Todavía no me he librado del todo de la estaca de la timidez, es muy muy difícil pasar de ser muy tímido a no serlo nada. Sin embargo, cualquier pequeño cambio en estos temas puede considerarse muy bueno (o muy malo, depende el caso) y, aunque no haya despegado del todo la estaca del suelo, sí que la he desprendido en parte, de tal manera que puedo moverme con más libertad.

Todo, gracias a mi amiga, que me ayudó a ver que tenía suficiente fuerza para vencer, aunque fuera en parte, a la estaca. Ahora he aprendido a saber que me equivoco si digo: "No puedo y nunca podré." Muchas gracias, muchas gracias de corazón.

lunes, 18 de agosto de 2008

Diario de un asesino arrepentido - 28 de julio, 2009

27 de julio, 2009


Acabo de acordarme de este diario. Hace tiempo que no escribo en él, pero he seguido cometiendo crímenes, a cada cuál más horroroso que el anterior. Hace justo un año y un día que cometí mi primer crimen. En el hipotético caso de que alguien lea este diario dirá: "No, fue hace un año justo". Hipotético lector... se equivoca. Hoy, el día que he tomado una decisión muy importante, voy a contar todo:

Igual crees que Sofía (pongo su ejemplo pero los demás son iguales) murió el 27 de julio, el día que lo escribí. O incluso puede que creas que murió el 26, y que yo escribí eso al día siguiente. Pues no, esta vida, esta caprichosa y odiosa vida, me dio el don de ser una persona con cualidades buenísimas para matar, para averiguar cosas sobre los demás y para saber qué iba a pasar al siguiente día. Esto sólo me pasaba de vez en cuando, la primera vez que me pasó fue aquel día 27 de julio. Interesado, me propuse escribirlo, y así lo hice, sin saber aún que el instinto (o quizá el destino), me llevaría a cometer el crimen que estaba escribiendo. Por tanto, Sofía no murió aquel 27 de julio, sino el 28.

Quizá te preguntes, mi querido e hipotético amigo, cómo soy, o qué soy, que viene a ser parecido. Si quieres que te diga la verdad, ni yo mismo lo sé. Cuando me refiero a mí en masculino, lo hago porque lo encuentro más neutral que el femenino, pues en realidad hace mucho que olvidé si era hombre o mujer. Quizá nunca lo supe, o no fui ninguna de las dos cosas. Quizá ni siquiera soy un ser humano. Vete a saber, yo no soy ningún científico. Si te preguntas por mi rostro, mi aspecto físico, nunca me interesó ni ahora me interesa, nunca me he mirado en un espejo ni nada en lo que pudiera verme. Posiblemente crea que mi imagen es demasiado horrorosa y prefiero guardarme el disgusto.

Soy, sin duda, un ser excepcional, "un ser hecho para matar", podría ser mi mejor definición. Pero ahora, hoy, curiosamente habiendo pasado justo un año desde mi primera "revelación", he tomado una importante decisión. Me dispongo a cometer el último y mejor de mis crímenes, me voy a suicidar. Ahora comprendo, sí, tristemente ahora lo comprendo, algo tarde pero "mejor tarde que nunca", que mi primer asesinato debió ser matarme a mí mismo. ¿Qué derecho tengo sobre la vida de los demás? Si quería matar a alguien, debía haber empezado por matarme a mí mismo. Ahora, que ya lo he comprendido, me dispongo a matarme (o suicidarme, como se prefiera). Sí, un grandioso asesino como yo, morirá como cualquier otro vulgar, demasiado atormentado por sus crímenes como para dejarse con vida. Este será el final de mi historia, un final feliz.


El 28 de julio del 2009, un cuerpo extraño fue encontrado en una oscura casa a las afueras de Santander.

Diario de un asesino arrpentido - 30 de agosto, 2008

30 de agosto, 2008


Mi anterior asesinato, aunque no había sido peculiarmente difícil de llevar acabo, sí que me había trabajado algo para que quedara "bonito". Sin embargo, el que ahora me proponía, sí que iba a suponer un verdadero reto. Matar al presidente de España no era algo precisamente fácil.

Esta vez no pude investigar y planear todo en el mismo día del asesinato, como había echo en otras ocasiones, sino que me llevó tres días de intenso trabajo llegar al momento de cometer el crimen.

Lo primero que hice fue colarme en la Moncloa para investigar como era por dentro todo, aunque con tantos guardias apostados a las puertas resultó bastante difícil hasta esto. Después, me propuse que lo que no había conseguido observar por dentro lo podía deducir con lógica y observación desde fuera. Una vez sabido todo esto, me dediqué a intentar encontrar, tanto dentro como fuera, salidas de emergencia o cualquier cosa que me permitiera saltar algunos niveles de guardia.

En todo eso invertí dos días, al tercero fue la hora de ponerse a trabajar.

Apenas había amanecido cuando llegué, espiando desde una oscura esquina cercana. Esperé a que todo el mundo estuviera en sus puestos (hubiera tenido menos gracia si me hubiera colado de noche, cuando hay menos personas) y me colé, una vez más ayudado de la especial capacidad de ser muy sigiloso que yo poseía. Salté algunos guardias más valiéndome de esto, hasta que llegué a una "Salida de emergencia" que me permitiría saltarme a algún que otro más. Pasé, aún me quedaba mucho trabajo que hacer fui escondiéndome de los demás guardias, esperando a que hicieran cambios de ronda para entrar... hasta que llegué al último paso antes de entrar al despacho del Presidente. Era ya tarde avanzada y no disponía de mucho tiempo. Sin embargo, esto sería más difícil pues los guardias de la puerta eran más precavidos que los demás, además de ir bien armados. A la puerta llegaban tres pasillos: uno en frente, otro a la derecha y otro a la izquierda. Yo estaba en el de la izquierda, a una buena distancia de la puerta, no veía todavía a los guardias pues debía doblar varias esquinas antes. Coloqué un petardo en el suelo, prendí la mecha y salí corriendo con cuidado de no hacer ruido. Al pasar a lo lejos por el pasillo central vi que, como había planeado, uno de los dos guardias había ido a dónde había explotado el petardo a ver qué pasaba. Dí la vuelta, todavía corriendo pues sabía que tenía muy poco tiempo y me dirigí hacia la puerta del despacho por el pasillo derecha. Sigilosamente, me acerqué a una buena distancia del guardia sin que se diera cuenta de que alguien andaba por ahí y saqué un cuchillo. Sin prisa, calculando y apuntando bien, pero sabiendo que no disponía de un tiempo excesivo, lancé el cuchillo al guardia. Acerté y le dí en el cuello, dejándole tirado en el suelo sin hacer apenas ruido. Después de cerciorarme rápidamente de que estaba muerto, recuperé el cuchillo y le cogí las llaves del despacho. Entré y Zapatero se me quedó mirando, sin saber qué pasaba.

-¿Quién...? -es lo único que le dio tiempo a decir antes de tener mi cuchillo clavado profundamente en su corazón.

Recuperé el cuchillo (siempre me gustaba quedarme con "trofeos" en mis asesinatos) y me dispuse a salir, a lo que hoy llegar al guardia. Le dio tiempo a gritar antes de que una bala de mi pistola le diera muerte.

Salí corriendo de la sala, consciente de que en apenas unos pocos segundos la escena se llenaría de guardias. Intenté ir por las salidas menos frecuentadas, dando largos rodeos, pero aún así me crucé con un guardia que acabó muerto silenciosamente gracias a mi preciado cuchillo. Salí rápida y sigilosamente del edificio y me fundí en las sombras, como acostumbraba a hacer.

Así, satisfecho, abandoné la escena de mi tercer crimen, el más importante por el momento. Además, este sí que había sido emocionante, no como aquellos anteriores. Ahora sabía que mis próximos serían parecidos a este, eran muchísimo más emocionantes y complicados que cualquier crimen normal. Para algo era yo un buen asesino.

Consulta de Jorge

En principio, y de hay viene la url de la página, este blog se llamaba "La Consulta de Jorge", en honor al gran libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente". Además, un personaje que casualmente llevaba mi mismo nombre introducía los textos que escribía. Como esto último ya no es así, he decidido cambiar el nombre a "Sueño del Poeta".