Aún en vacaciones, me propuse a seguir mi relato, el primero que hacía con capítulos.
17 de agosto, 2008
Mi anterior asesinato había sido demasiado fácil, incluso aburrido. Me propuse uno algo más complicado. Estaba en un rincón oscuro, mirando la gente que pasaba por la calle, cuando, de repente, pasó alguien distinto. Sí, era distinto, pues no llevaba aquella típica mueca mañanera de desagrado porque el despertador te hubiera arrancado de aquel sueño que tanto te hubiera apetecido continuar, sino que te incitaba a levantarte e ir al trabajo, a ese fastidioso y aburrido trabajo. No, aquel hombre, avanzaba por esta gris avenida con una sonrisa en la boca. ¿Por qué sería? ¿Estaría contento simplemente por ir a trabajar? La verdad, mucho no me importa, ya he elegido una nueva víctima. Esa sonrisa tan atípica me ha echo sentir unas ganas enormes de acabar con él. Con él, por ser distinto, por ser feliz.
Le seguí, una sombra entre otras tantas, todo aquel día. Me enteré de su nombre: Sergio Pérez. No podían haber encontrado un apellido menos idóneo, muy común, para una persona muy distinta. También descubrí el por qué de aquella sonrisa: al parecer, le gustaba mucho su trabajo, un cargo importante en el diseño de coches deportivos. No lo descubrí por interés ni nada parecido, simplemente, al investigar sobre otras cosas como su nombre o su alojamiento no pude menos que enterarme.
Ya de noche, a las 9 más concretamente, salí tras él de su trabajo. Volvía a casa tras una jornada agotadora, por lo que me aproveché de su ritmo lento y llegué a su casa antes que él. Como sabía que iba a tardar, decidí ir avanzando (lo de esperar no iba conmigo) y, disimuladamente, me colé en el edificio tras un vecino suyo. Dejé que este subiera en el cómodo ascensor y subí por las escaleras, que mucho más discretas y silenciosas si se subía con cuidado, eran mucho más de mi tipo. Llegué al tercer piso, esperé a que el vecino entrara en su casa en el quinto, por si acaso oía algo y saqué un sencillo alambre con el la puerta no opuso resistencia a ser abierta. Una vez dentro, sin prisa pero sin pausa ya que sabía que Sergio no tardaría mucho en llegar, volví a echar el cerrojo con el alambre y simplemente, esperé al lado de la puerta a que llegara. Pasados apenas dos minutos, oí al ascensor moverse. Como yo suponía, subió hasta el tercer piso, pero, para mi sorpresa, Sergio salió acompañado de un amigo (que luego descubriría que se llamaba Jorge) y se dispuso a entrar. Mis neuronas se esforzaron por encontrar la mejor forma de realizar con lo que me llevaba entre manos. Sin duda, debería acabar también con el desgraciado amigo de Sergio.
Abrió la puerta y se dispusieron a entrar. Yo totalmente en tensión, salté hacia ellos, introduciéndole un trapo a cada uno en la boca precedido de una pastilla de somnífero. Inmediatamente, cuando aún las víctimas no se habían recuperado del susto y el somnífero no había hecho efecto, puse mi cuchillo presionando levemente en el cuello de Sergio, de tal manera que calló alguna gota de sangre y agarre a su amigo del cuello para que no intentara ninguna estúpida acción heroica para salvar a su amigo o a sí mismo. Así, se fueron calmando y cayeron en un sueño del que no volverían a despertarse. Consciente de que aún duraría el efecto del somnífero, arrastre a ambos a la cocina, sin ver la necesidad de darles muerte aún, mientras acababa de poner a punto mi plan, que en el último momento había tenido que ser cambiado, aunque posiblemente para bien.
Empecé con Sergio. Para ahorrarle sufrimiento, le hice una raja en el cuello que le dio una muerte rápida. Con un cuchillo algo más grande, terminé de rebanarle el cuello. Cogí con suavidad la cabeza y la guardé en el congelador. Sin más, volví de nuevo al cuerpo. Le separé las extremidades del tronco, el cual introduje en la lavadora. Después de limpiarme las manos de sangre, puse sobre la mesa un mantel, dos vasos, dos platos, dos cuchillos y dos tenedores. Una perfecta cena para dos: Sergio y su amigo. Las extremidades que habían quedado del primero, las corté en trocitos y las repartí por ambos platos. Llené los vasos de la sangre que se había vertido y se seguía vertiendo. Ya estaba lista del todo la cena. Después, me volví hacia el amigo de Sergio.
-Pobre, ¿quién te mandará venir hoy? -le comenté aunque sabía que no me oía.
Sin más, le clavé el cuchillo con el que había hecho todo en el corazón e hice que sus manos lo rodearan. Mañana, para la policía, sería un típico asesinato en el que primero se acaba con la víctima y luego se recurre al propio suicidio. Lavé mis manos enfundadas (cómo no) en guantes y salí de la casa, dejando la puerta abierta para facilitar que descubrieran los cadáveres.
Este es el pequeño rincón donde un joven amago de poeta intentará dejar plasmados sus sueños.
Mis versos se van, siguiendo cierto aire de amapola, pero seguirán vivos en: http://airedeamapola.blogspot.com/
miércoles, 30 de julio de 2008
domingo, 27 de julio de 2008
Diario de un asesino arrepentido - 27 de julio, 2008
En mi exilio vacacional, me planteé la idea de escribir un pequeño relato, cosa que no había echo hasta ahora, limitándome en la prosa a escribir artículos y cuentos. La idea de un asesino me atrajo con fuerza:
Diario de un asesino arrepentido
27 de julio, 2008
Sofía vivía tranquilamente, en una casa de Madrid, en las afueras. Se levantaba todos los días a las 7 para ir a trabajar. Era peluquera, le encantaba su trabajo, le encantaba peinar a todas las personas que pasaban a diario por su peluquería, cada una con un peinado diferente. Era algo que le había gustado desde pequeña: peinar. Cada día se peinaba de forma distinta, llegando a quedar a veces peinados extraordinarios que parecían de profesional.
Con su familia también era muy feliz. Tenía a un marido con el que se entendía a la perfección y se querían mucho. Él trabajaba en una empresa de coches y ambos ganaban suficiente dinero para poder mantener más o menos la familia. Habían tenido dos hijos, un niño de ahora 10 años y una niña de 8. Ambos eran un encanto y no daban demasiados problemas.
Un día, como cualquier otro, salía a las 2 del mediodía para volver a casa a comer y, cansada del trabajo de ese día, algo más agotador de lo normal, paró en el parque a descansar, en un banco a la sombra para evitar el calor de verano.
Pero no se dió cuenta de que "algo", entre los árboles y a oscuras, se le acercaba sigilosamente. Una extraña figura, aprovechando que no pasaba gente por el parque, se había acercado a Sofía por detrás, le había tapado la boca con un paño que desprendía somnífero. Al instante, su cuerpo cayó en un relajante descanso y la silueta que se la había acercado la retiro del banco con disimulo. Ya que había sido tan fácil el secuestro, habría que poner algo de emoción en el asesinato.
Silenciosamente, fue hasta la piscina más frecuentada de la ciudad y espero cerca, al abrigo de la sombra, manteniendo cuidadosamente sedada a su víctima hasta que se hizo de noche y la piscina fue desalojada. Se coló pasando el pequeño muro que separaba la piscina de la calle, introduciendo el cuerpo consigo, y lo dejó caer en la piscina, sin fuerza para no hacer ruido.
Después, salió de allí con sigilo, fundiéndose con sus hermanas, las sombras. El primero que llegara a la piscina mañana encontraría una agradable compañía.
Diario de un asesino arrepentido
27 de julio, 2008
Sofía vivía tranquilamente, en una casa de Madrid, en las afueras. Se levantaba todos los días a las 7 para ir a trabajar. Era peluquera, le encantaba su trabajo, le encantaba peinar a todas las personas que pasaban a diario por su peluquería, cada una con un peinado diferente. Era algo que le había gustado desde pequeña: peinar. Cada día se peinaba de forma distinta, llegando a quedar a veces peinados extraordinarios que parecían de profesional.
Con su familia también era muy feliz. Tenía a un marido con el que se entendía a la perfección y se querían mucho. Él trabajaba en una empresa de coches y ambos ganaban suficiente dinero para poder mantener más o menos la familia. Habían tenido dos hijos, un niño de ahora 10 años y una niña de 8. Ambos eran un encanto y no daban demasiados problemas.
Un día, como cualquier otro, salía a las 2 del mediodía para volver a casa a comer y, cansada del trabajo de ese día, algo más agotador de lo normal, paró en el parque a descansar, en un banco a la sombra para evitar el calor de verano.
Pero no se dió cuenta de que "algo", entre los árboles y a oscuras, se le acercaba sigilosamente. Una extraña figura, aprovechando que no pasaba gente por el parque, se había acercado a Sofía por detrás, le había tapado la boca con un paño que desprendía somnífero. Al instante, su cuerpo cayó en un relajante descanso y la silueta que se la había acercado la retiro del banco con disimulo. Ya que había sido tan fácil el secuestro, habría que poner algo de emoción en el asesinato.
Silenciosamente, fue hasta la piscina más frecuentada de la ciudad y espero cerca, al abrigo de la sombra, manteniendo cuidadosamente sedada a su víctima hasta que se hizo de noche y la piscina fue desalojada. Se coló pasando el pequeño muro que separaba la piscina de la calle, introduciendo el cuerpo consigo, y lo dejó caer en la piscina, sin fuerza para no hacer ruido.
Después, salió de allí con sigilo, fundiéndose con sus hermanas, las sombras. El primero que llegara a la piscina mañana encontraría una agradable compañía.
lunes, 7 de julio de 2008
El Límite del Paso
Tras varios meses, ya llegado el verano, decidí ausentarme en vacaciones de mi profesión de psicólogo, en parte por busca de descanso, aunque también por las dudas que em estaban surgiendo sobre si seguir con mi empleo, buscar uno nuevo o permanecer sin oficio, cosa que me podría permitir si quisiese mi notable poder adquisitivo.
Tenía mucho tiempo libre, que intente aprovechar al máximo, por si acaso se acabara. Aumenté el tiempo de lectura, ya abundante antes. Dediqué tiempo, cómo no, a reflexionar sobre los temas que iban surgiendo. También traté de gozar de algo más de vida social, hasta entonces algo escasa. Por último, mis ansias de escribir no se refrenaron con las vacaciones, por lo que seguí escribiendo:
En un lejano lugar de Ámerica del Norte existía una ciudad que limitaba por el oeste con un cañón de considerable profundidad. Este suponía un grave inconveniente en el transporte de mercancías desde las dos ciudades que estaban construídas a cada lado, pues tenían que dar un largo rodeo para llegar de una a otra. Únicamente una estrecha franja de terreno de apenas 1 metro unía ambos lados del cañón.
Se contaba que el primer hombre que intentó atravesarlo calló en el punto exacto que establece la mitad del paso. Desde entonces, todo humano que había intentado cruzarlo había caído en ese mismo punto. Si avanzabas sólo un poco, daba igual, nadie se caía, mas si intentabas pasar de la mitad caías siempre, fuera cual fuese el lado desde el que lo intentaras. Sin embargo, para los demás animales no tenía este mismo efecto, pues numerosa gente había visto cruzar el paso a muchos animales, la mitad del paso sólo tenía este efecto para los humanos.
Desde entonces, temerario era aquel que se atrevía a cruzarlo, que siempre con igual final. Así, nació la leyenda de "la maldición del Límite del paso", también llamada. Hasta el día de hoy, de padres a hijos se ha ido transmitiendo.
El otro día, un bebé, qué descuidada debió ser la madre, que no había aprendido todavía a andar ni le habían contado nada (y aunque lo hubieran hecho igual habría dado) sobre la "maldición del límite del paso", cuya casa estaba cerca del principio del este, se escapó de casa y lo cruzo. En la ciudad del otro lado, un hombre, que por casualidad pasaba por allí observó de lejos la figura que se acercaba por el paso. Cuando ya se acercaba, más gente había acudido, atraídos por la curiosidad del primero. Cuando el bebé llegó, lo acogieron asombrados. Viajaron a la ciudad de en frente y, en efecto, les dijeron que a una mujer se le había escapado el bebé hacía una semana, justo el día que le recibieron al otro lado. Sin aún dejar de asombrarse, devolvieron el bebé a su madre en medio de una multitud asombrada por la proeza que había llevado a cabo el bebé.
Ese mismo día, un valeroso hombre quiso probar fortuna intentando cruzar el paso, pero, de nuevo, a mitad de trayecto cayó, ante una muchedumbre atónita.
Tenía mucho tiempo libre, que intente aprovechar al máximo, por si acaso se acabara. Aumenté el tiempo de lectura, ya abundante antes. Dediqué tiempo, cómo no, a reflexionar sobre los temas que iban surgiendo. También traté de gozar de algo más de vida social, hasta entonces algo escasa. Por último, mis ansias de escribir no se refrenaron con las vacaciones, por lo que seguí escribiendo:
En un lejano lugar de Ámerica del Norte existía una ciudad que limitaba por el oeste con un cañón de considerable profundidad. Este suponía un grave inconveniente en el transporte de mercancías desde las dos ciudades que estaban construídas a cada lado, pues tenían que dar un largo rodeo para llegar de una a otra. Únicamente una estrecha franja de terreno de apenas 1 metro unía ambos lados del cañón.
Se contaba que el primer hombre que intentó atravesarlo calló en el punto exacto que establece la mitad del paso. Desde entonces, todo humano que había intentado cruzarlo había caído en ese mismo punto. Si avanzabas sólo un poco, daba igual, nadie se caía, mas si intentabas pasar de la mitad caías siempre, fuera cual fuese el lado desde el que lo intentaras. Sin embargo, para los demás animales no tenía este mismo efecto, pues numerosa gente había visto cruzar el paso a muchos animales, la mitad del paso sólo tenía este efecto para los humanos.
Desde entonces, temerario era aquel que se atrevía a cruzarlo, que siempre con igual final. Así, nació la leyenda de "la maldición del Límite del paso", también llamada. Hasta el día de hoy, de padres a hijos se ha ido transmitiendo.
El otro día, un bebé, qué descuidada debió ser la madre, que no había aprendido todavía a andar ni le habían contado nada (y aunque lo hubieran hecho igual habría dado) sobre la "maldición del límite del paso", cuya casa estaba cerca del principio del este, se escapó de casa y lo cruzo. En la ciudad del otro lado, un hombre, que por casualidad pasaba por allí observó de lejos la figura que se acercaba por el paso. Cuando ya se acercaba, más gente había acudido, atraídos por la curiosidad del primero. Cuando el bebé llegó, lo acogieron asombrados. Viajaron a la ciudad de en frente y, en efecto, les dijeron que a una mujer se le había escapado el bebé hacía una semana, justo el día que le recibieron al otro lado. Sin aún dejar de asombrarse, devolvieron el bebé a su madre en medio de una multitud asombrada por la proeza que había llevado a cabo el bebé.
Ese mismo día, un valeroso hombre quiso probar fortuna intentando cruzar el paso, pero, de nuevo, a mitad de trayecto cayó, ante una muchedumbre atónita.
martes, 24 de junio de 2008
Felicidad
Después de repasar los poemas, el timbre sonó. Abrí la puerta. Llegaba una nueva paciente, una joven de rizos castaños, que aún no había alcanzado la mayoría de edad.
-Buenas -saludé.
-Hola, Mario -me respondió, mientras la acompañaba y nos sentábamos en sendos sillones- A ver, venía a ver si me podías ayudar. Es que tengo algunos amigos que son felices, pero yo no sé como hacen para serlo -terminó haciendo una mueca.
-Vamos a ver... mmmm... lo primero, hay que completar lo que has dicho. Sí, serán felices, pero no del todo, pues no se puede, entre otras cosas, porque no creo que haya un límite. Luego... vamos a ver, yo como felicidad no identifico a un estado más o menos momentáneo producido por cosas suerficiales como que España gane la Eurocopa cosas así, a eso, por lo menos yo, me refiero como estar contento o por el contrario triste. La felicidad yo la entiendo como un periodo de tiempo más o menos largo, nunca un momento (salvo alguna excepción muy muy casual como que te dan una noticia buena de algo personal y luego enseguida te la desmienten). Siempre algo importante, nada superficial del estilo de lo que comentaba antes.
-Vale, entiendo, pero me gustaría si pudieras ayudarme a ser más feliz -comentó interrumpiéndome.
-Sí, todo a su tiempo, no te preocupes -respondí mientras le sonreía- A ver, para ser feliz es muy importante una frase que me gusta mucho de un filósofo existencialista muy famoso, Jean Paul Sartre, que dice así: "Felicidad no es hacer lo que se quiere sino querer lo que se hace." Es decir, la felicidad no la vas a encontrar haciendo lo que quieras, sino disfrutando lo que haces. Invita a disfrutar las cosas que haces, ya sea algo que te guste, como quedar con tus amigos, tanto como que no, como ir a clase. Debes disfrutar de todos los momentos. Además -continué-, debes estar contenta contigo misma, debe gustarte como eres, tanto el exterior como, especialmente, el interior. ¿Estás a gusto contigo misma?
-Bueno, más o menos... -respondió, dudosa.
-Bueno, no está del todo mal, pero se puede mejorar. Empezando por: ¿de qué te sirve no estar contenta contigo misma si no puedes cambiarte, por lo menos no mucho? Empezamos con el físico: dejando aparte de que siempre se puede pensar que, y más en tu caso, siempre hay mucha gente peor, pero aunque no la hubiera, ¿de qué te sirve traumatizarte? ¿Van a cambiar las lágrimas, el mal humor y la tristeza tu cuerpo? No. Ahora vamos con el interior. Cada persona tiene una parte interior admirable pero que no cualquiera puede ver. Hay casos en que no se encuentra a esa persona, la parte admirable va desapareciendo al no ser reconocida y se va implantando la parte llamémosla mala. Pero no es tú caso, ¿verdad?
-No -respondió, atenta al discurso.
-Bien, pues prosigo con lo que iba, todos tenemos una parte admirable, algunos más otros menos, y tanto los demás, como nosotros mismo especialmente (y lo que más viene al caso) debemos apreciarla. Si tenemos algún defecto, ¿qué importa? Todo el mundo tiene defectos, sería muy aburrido ser perfecto. Esto no quiere decir que si tenemos alguno especialmente malo no intentemos luchar contra él, sólo que nunca nos desesperemos demasiado por tenrelo o tenerlos. Y luego, otra vez como antes, ¿de qué sirve llorar, apenarse o enfadarse consigo mismo por ser como se es? Como dice mi gran ídolo, Jorge Bucay: "Cada uno es como es, no como el querría ser, ni como los demás querrían que fuera."
Hice una pausa para recobrar aliento.
-Luego está el tema de "los demás". "Los demás" suelen ayudarte a ser feliz, pero hay casos en que es todo lo contrario e incluso llegan a crear graves problemas. Sin embargo, como he dicho antes, todos tenemos alguna cualidad que alguna persona puede valorar, por lo tanto todos deberíamos poder tener amigos. Hay casos en los que no se logra encontrar a estas personas que te valoren verdaderamente, pero no es el tuyo, ¿verdad?
-No, no es el mío.
-Bien. Ahora llegamos a la parte menos importante: las cosas físicas de las que disponemos, como dinero, ropa... etc. Esto nunca debería plantear un problema. Nunca deberíamos dejar de ser felices por no tener ropa de esa mara o por tener menos dinero que el vecino. Es una gran estupidez. No toco mucho este tema porque lo veo más que evidente y es un caso que sólo aparece muy raramente.
-No, eso tampoco es problema para mí.
-Bien, ahora llegamos a una parte que sí que es importante, quizá la que más después de la de aceptarnos a nosotros mismos. Es la de lograr tus sueños. Esto es importante para ser feliz. No hace falta que sean todos, es más, no deben ser todos, pues entonces, como ya dije con la persona perfecta, sería aburrido. A la mayoría de la gente "normal", y hablo de estos por ser a lo que perteneces y este discurso sobre la felicidad va para ti, se le cumplen los suficientes sueños como para ser feliz, en muchos casos incluso más -dije mientras veía que ponía una mueca de no estar de acuerdo del todo-. Otra cosa es que no se sepan apreciar, pero ahí volvemos a otro problema que nos ha salido también en otros temas, y que aquí voy a resumir: has de saber apreciar todo lo que eres, tienes y te dan -paré y la miré para que dijera algo.
-Entiendo... Muchas gracias -me dijo sonriente.
-De nada, siempre es un placer ayudar -respondí, devolviéndole la sonrisa.
-Bueno, creo que no volveré ya más por aquí, era sólo esta duda, pero seguro que nos veremos algún día aunque no sea en esta consulta sentados en sillones.
-Eso espero. Adiós.
-Adiós.
Salió de la consulta dirigiéndome un último gesto con la mano que le devolví. Otro día acababa, era hora ya de volver a casa. Recogí todas mis pertenencias y salí de allí, rumbo a mi casa, más concretamente a mi cama, en busca de descanso.
-Buenas -saludé.
-Hola, Mario -me respondió, mientras la acompañaba y nos sentábamos en sendos sillones- A ver, venía a ver si me podías ayudar. Es que tengo algunos amigos que son felices, pero yo no sé como hacen para serlo -terminó haciendo una mueca.
-Vamos a ver... mmmm... lo primero, hay que completar lo que has dicho. Sí, serán felices, pero no del todo, pues no se puede, entre otras cosas, porque no creo que haya un límite. Luego... vamos a ver, yo como felicidad no identifico a un estado más o menos momentáneo producido por cosas suerficiales como que España gane la Eurocopa cosas así, a eso, por lo menos yo, me refiero como estar contento o por el contrario triste. La felicidad yo la entiendo como un periodo de tiempo más o menos largo, nunca un momento (salvo alguna excepción muy muy casual como que te dan una noticia buena de algo personal y luego enseguida te la desmienten). Siempre algo importante, nada superficial del estilo de lo que comentaba antes.
-Vale, entiendo, pero me gustaría si pudieras ayudarme a ser más feliz -comentó interrumpiéndome.
-Sí, todo a su tiempo, no te preocupes -respondí mientras le sonreía- A ver, para ser feliz es muy importante una frase que me gusta mucho de un filósofo existencialista muy famoso, Jean Paul Sartre, que dice así: "Felicidad no es hacer lo que se quiere sino querer lo que se hace." Es decir, la felicidad no la vas a encontrar haciendo lo que quieras, sino disfrutando lo que haces. Invita a disfrutar las cosas que haces, ya sea algo que te guste, como quedar con tus amigos, tanto como que no, como ir a clase. Debes disfrutar de todos los momentos. Además -continué-, debes estar contenta contigo misma, debe gustarte como eres, tanto el exterior como, especialmente, el interior. ¿Estás a gusto contigo misma?
-Bueno, más o menos... -respondió, dudosa.
-Bueno, no está del todo mal, pero se puede mejorar. Empezando por: ¿de qué te sirve no estar contenta contigo misma si no puedes cambiarte, por lo menos no mucho? Empezamos con el físico: dejando aparte de que siempre se puede pensar que, y más en tu caso, siempre hay mucha gente peor, pero aunque no la hubiera, ¿de qué te sirve traumatizarte? ¿Van a cambiar las lágrimas, el mal humor y la tristeza tu cuerpo? No. Ahora vamos con el interior. Cada persona tiene una parte interior admirable pero que no cualquiera puede ver. Hay casos en que no se encuentra a esa persona, la parte admirable va desapareciendo al no ser reconocida y se va implantando la parte llamémosla mala. Pero no es tú caso, ¿verdad?
-No -respondió, atenta al discurso.
-Bien, pues prosigo con lo que iba, todos tenemos una parte admirable, algunos más otros menos, y tanto los demás, como nosotros mismo especialmente (y lo que más viene al caso) debemos apreciarla. Si tenemos algún defecto, ¿qué importa? Todo el mundo tiene defectos, sería muy aburrido ser perfecto. Esto no quiere decir que si tenemos alguno especialmente malo no intentemos luchar contra él, sólo que nunca nos desesperemos demasiado por tenrelo o tenerlos. Y luego, otra vez como antes, ¿de qué sirve llorar, apenarse o enfadarse consigo mismo por ser como se es? Como dice mi gran ídolo, Jorge Bucay: "Cada uno es como es, no como el querría ser, ni como los demás querrían que fuera."
Hice una pausa para recobrar aliento.
-Luego está el tema de "los demás". "Los demás" suelen ayudarte a ser feliz, pero hay casos en que es todo lo contrario e incluso llegan a crear graves problemas. Sin embargo, como he dicho antes, todos tenemos alguna cualidad que alguna persona puede valorar, por lo tanto todos deberíamos poder tener amigos. Hay casos en los que no se logra encontrar a estas personas que te valoren verdaderamente, pero no es el tuyo, ¿verdad?
-No, no es el mío.
-Bien. Ahora llegamos a la parte menos importante: las cosas físicas de las que disponemos, como dinero, ropa... etc. Esto nunca debería plantear un problema. Nunca deberíamos dejar de ser felices por no tener ropa de esa mara o por tener menos dinero que el vecino. Es una gran estupidez. No toco mucho este tema porque lo veo más que evidente y es un caso que sólo aparece muy raramente.
-No, eso tampoco es problema para mí.
-Bien, ahora llegamos a una parte que sí que es importante, quizá la que más después de la de aceptarnos a nosotros mismos. Es la de lograr tus sueños. Esto es importante para ser feliz. No hace falta que sean todos, es más, no deben ser todos, pues entonces, como ya dije con la persona perfecta, sería aburrido. A la mayoría de la gente "normal", y hablo de estos por ser a lo que perteneces y este discurso sobre la felicidad va para ti, se le cumplen los suficientes sueños como para ser feliz, en muchos casos incluso más -dije mientras veía que ponía una mueca de no estar de acuerdo del todo-. Otra cosa es que no se sepan apreciar, pero ahí volvemos a otro problema que nos ha salido también en otros temas, y que aquí voy a resumir: has de saber apreciar todo lo que eres, tienes y te dan -paré y la miré para que dijera algo.
-Entiendo... Muchas gracias -me dijo sonriente.
-De nada, siempre es un placer ayudar -respondí, devolviéndole la sonrisa.
-Bueno, creo que no volveré ya más por aquí, era sólo esta duda, pero seguro que nos veremos algún día aunque no sea en esta consulta sentados en sillones.
-Eso espero. Adiós.
-Adiós.
Salió de la consulta dirigiéndome un último gesto con la mano que le devolví. Otro día acababa, era hora ya de volver a casa. Recogí todas mis pertenencias y salí de allí, rumbo a mi casa, más concretamente a mi cama, en busca de descanso.
jueves, 12 de junio de 2008
Poemas 2
Estaba sentado en el sillón donde solía hacer pasar a mis pacientes, pasando las horas libres, entre consulta y consulta. Ya era algo tarde, así que las lámparas derramaban esa luz artificial que tan poco me gustaba sobre el papel que tenía delante, en el que estaba escribiendo, como solía hacer los ratos libres, esta vez era poemas:
¿Por qué?
¿Por qué llorar la muerte
si es inexorable?
¿Por qué buscar la felicidad desesperadamente,
si se ha de obtener sin ser buscada?
¿Por qué querer morirse,
cuando aún no se ha cambiado el mundo?
¿Por qué querer matar
y no empezar por matarse a sí mismo?
¿Por qué creer en la suerte
y no creer en los marcianos?
¿Por qué creer en dioses
por miedo al miedo?
¿Por qué negar la realidad
y sumirse en el ensueño de las mentiras?
¿Por qué preguntar,
si hay preguntas sin respuesta?
Pensar
Pienso que acostumbro a pensar demasiado.
Pienso sobre lo que he hecho,
sobre lo que estoy haciendo y lo que haré.
Pienso en cómo escribir estos versos.
Pienso en tantas cosas
que no paro de pensar.
Y, sin pensarlo, mientras pienso en esto,
pienso todavía más.
Sentimientos
Sencillamente complejos,
tienen complejo de sencillos.
Llorar
Llorar que esta mesa sea dura,
esta tinta roja
y estas palabras tengan sentido.
Que la hierba sea verde,
el mar azul y blanca la nieve.
Llorar que el terciopelo sea suave
y la espuma blanda.
Que el agua moje
y el fuego queme.
Llorar y llorar sin parar,
en el fondo,
porque no estás.
El barco de mi vida
Sentado a orillas del río
mientras el mundo oscurece,
despido al barco para no verlo más,
cansado ya de la travesía.
Ya es de noche,
el barco se fue,
todo se apaga,
pero ya no siento miedo,
no soy cadáver,
no soy cenizas,
no soy sombra,
ya sólo soy nada.
Caminar
Caminar en silencio,
solo y a la vez acompañado.
Elegir el devío bueno
y dudar de si se ha hecho bien.
Avanzar por el centro
o por los lados,
saltar obstáculos
y aprender de ellos.
Marcar un ritmo,
correr o andar despacio,
dar cada paso con cuidado,
en previsión de emboscadas,
tropiezos, trampas y arenas movedizas.
Dolor
Notar dura y negra la nieve,
áspero el terciopelo
y amargo el azúcar.
Sentir frío al lado de un fuego,
tomar una tierna caricia
por un duro golpe.
Embellecer el silencio,
pues cada palabra duele.
Lágrimas por las mejillas,
los puños apretados
y un nudo en la garganta.
Y donde estaba en corazón,
simplemente hay vacío, nada.
Infinito
Inacabada sucesión sin fin,
una historia interminable,
un montón de números que nunca acaba,
multitud de palabras que siguen por siempre,
un manantial de agua ininterrumpido.
Más que todo, menos que nada,
no razones sobre él,
pues es irracional.
Acabado este poema, me acomodé en el sillón para leerlos detenidamente, pero, de pronto, el timbre sonó, mi próximo paciente me esperaba.
¿Por qué?
¿Por qué llorar la muerte
si es inexorable?
¿Por qué buscar la felicidad desesperadamente,
si se ha de obtener sin ser buscada?
¿Por qué querer morirse,
cuando aún no se ha cambiado el mundo?
¿Por qué querer matar
y no empezar por matarse a sí mismo?
¿Por qué creer en la suerte
y no creer en los marcianos?
¿Por qué creer en dioses
por miedo al miedo?
¿Por qué negar la realidad
y sumirse en el ensueño de las mentiras?
¿Por qué preguntar,
si hay preguntas sin respuesta?
Pensar
Pienso que acostumbro a pensar demasiado.
Pienso sobre lo que he hecho,
sobre lo que estoy haciendo y lo que haré.
Pienso en cómo escribir estos versos.
Pienso en tantas cosas
que no paro de pensar.
Y, sin pensarlo, mientras pienso en esto,
pienso todavía más.
Sentimientos
Sencillamente complejos,
tienen complejo de sencillos.
Llorar
Llorar que esta mesa sea dura,
esta tinta roja
y estas palabras tengan sentido.
Que la hierba sea verde,
el mar azul y blanca la nieve.
Llorar que el terciopelo sea suave
y la espuma blanda.
Que el agua moje
y el fuego queme.
Llorar y llorar sin parar,
en el fondo,
porque no estás.
El barco de mi vida
Sentado a orillas del río
mientras el mundo oscurece,
despido al barco para no verlo más,
cansado ya de la travesía.
Ya es de noche,
el barco se fue,
todo se apaga,
pero ya no siento miedo,
no soy cadáver,
no soy cenizas,
no soy sombra,
ya sólo soy nada.
Caminar
Caminar en silencio,
solo y a la vez acompañado.
Elegir el devío bueno
y dudar de si se ha hecho bien.
Avanzar por el centro
o por los lados,
saltar obstáculos
y aprender de ellos.
Marcar un ritmo,
correr o andar despacio,
dar cada paso con cuidado,
en previsión de emboscadas,
tropiezos, trampas y arenas movedizas.
Dolor
Notar dura y negra la nieve,
áspero el terciopelo
y amargo el azúcar.
Sentir frío al lado de un fuego,
tomar una tierna caricia
por un duro golpe.
Embellecer el silencio,
pues cada palabra duele.
Lágrimas por las mejillas,
los puños apretados
y un nudo en la garganta.
Y donde estaba en corazón,
simplemente hay vacío, nada.
Infinito
Inacabada sucesión sin fin,
una historia interminable,
un montón de números que nunca acaba,
multitud de palabras que siguen por siempre,
un manantial de agua ininterrumpido.
Más que todo, menos que nada,
no razones sobre él,
pues es irracional.
Acabado este poema, me acomodé en el sillón para leerlos detenidamente, pero, de pronto, el timbre sonó, mi próximo paciente me esperaba.
miércoles, 11 de junio de 2008
Vida y muerte
El joven Jaume entró de nuevo, con pantalones piratas y camiseta corta, ropa propia de este tiempo, ya verano, y pelo algo largo. Se sentó en el sillón en frente mío y me saludó, se le veía triste aún.
-Hola de nuevo, Mario.
-Sí, aquí estamos para seguir lo que dejamos a medias el otro día. Estábamos hablando de la muerte, y de la vida también, pues ambos temas van muy relacionados, ya que me hablaste de tus temores. Bien, me gustaría que me respondieras a una pregunta, ¿eres feliz? -le pregunté, directamente.
Jaume torció el gesto, en una mueca de pensamiento, sé quedo unos instantes así y luego respondió:
-Supongo que no del todo. En mi vida fallan algunas cosas que me gustaría que fueran mejor. Por el trabajo por ejemplo no me puedo quejar, pero por ejemplo sí que me gustaría entenderme mejor con alguno de mis amigos y, sobre todo, comprender cosas, por ejemplo: ¿si hemos de morir, qué significado tiene esta vida? -preguntó angustiado.
-A ver, esta pregunta, como las del otro día, son muy comunes -empecé- Tu vida tiene el significado que tú le quieras dar, para algo es tuya. Y hay una cosa, que, no sé si habrás leído a Fernando Pessoa, un gran escritor portugués, reflejaba muy bien en alguno de sus poemas: ¿por qué empeñarse en sentirse desgraciado por algo que no puedes cambiar? Mi querido paciente, la muerte es irremediable, como ya sabrás, por tanto, no tiene sentido vivir lo único que vas a poder vivir apesadumbrado por lo que pasará después. Primero, por lo que comentaba de Pessoa, no tiene sentido preocuparse ni atemorizarse por algo que no se puede cambiar, ¿vas a dejar de morirte cuando llegue tu momento porque ahora te preocupes? Y si no es así, ¿qué sentido tiene preocuparse? Segundo, porque es una contradicción, por una parte no quieres dejar de vivir por miedo a la inexistencia, mientras que por este miedo te impides vivir la vida feliz, que es lo que buscas, pero sin darte cuenta te obstaculizas a ti mismo.
Has de disfrutar la vida, no como aquel que cree que la única forma de divertirse es emborracharse e ir de fiesta, hacer lo que se quiere, como muy bien dijo un conocido filósofo, Jean Paul Sartre: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace." No has de dejarte llevar por los vicios, aunque estos te procuren placer, no verdadera felicidad, que es lo que de verdad hace bonita la vida, la verdadera felicidad. Para conseguirla tienes que hacer cosas que te gusten, tener amigos, querer a tu familia, a ti novia o cuando llegues a tenerla a tu esposa, querer a los que te rodean y que ellos te quieran a ti, no tener nada por lo que preocuparte, no tener enemigos, solo amigos y neutrales, vivir contento y feliz, pero VERDADERAMENTE contento y feliz. Es lo mejor de la vida, y has de intentar llegar a ser feliz, y para llegar no sólo hace falta desearlo, aunque también es importante, sino que tus acciones te ha de guiar a su obtención.
Jaume tenía un brillo de comprensión en los ojos, mientras que la apatía había desaparecido.
-Muchas gracias, Mario, me has ayudado a comprender muchas cosas - dijo mientras, llevado por la gratitud me dio un abrazo que correspondí.
-De nada, siempre me es un placer ayudar a cualquiera que necesite consejo -le respondí.
-Bueno, me parece que ya no volveré más, como mucho de visita, así que quería agradecerte todo lo que me has ayudado, eres una gran persona. Muchísimas gracias.
-De nada. sólo añadir qué sepas, que aunque te cueste creerlo, yo también aprendo de mis pacientes, y tú no has sido una excepción.
-Me alegro. Hasta siempre, Mario. Te recordaré, a ti y a tus consejos.
-Yo también lo haré. Adiós, espero que nos podamos volver a ver.
Jaume, tras despedirse, salió de la estancia. Siempre dolía tener que despedirse puede que para siempre de un paciente, especialmente de algunos. Pero así era mi profesión.
-Hola de nuevo, Mario.
-Sí, aquí estamos para seguir lo que dejamos a medias el otro día. Estábamos hablando de la muerte, y de la vida también, pues ambos temas van muy relacionados, ya que me hablaste de tus temores. Bien, me gustaría que me respondieras a una pregunta, ¿eres feliz? -le pregunté, directamente.
Jaume torció el gesto, en una mueca de pensamiento, sé quedo unos instantes así y luego respondió:
-Supongo que no del todo. En mi vida fallan algunas cosas que me gustaría que fueran mejor. Por el trabajo por ejemplo no me puedo quejar, pero por ejemplo sí que me gustaría entenderme mejor con alguno de mis amigos y, sobre todo, comprender cosas, por ejemplo: ¿si hemos de morir, qué significado tiene esta vida? -preguntó angustiado.
-A ver, esta pregunta, como las del otro día, son muy comunes -empecé- Tu vida tiene el significado que tú le quieras dar, para algo es tuya. Y hay una cosa, que, no sé si habrás leído a Fernando Pessoa, un gran escritor portugués, reflejaba muy bien en alguno de sus poemas: ¿por qué empeñarse en sentirse desgraciado por algo que no puedes cambiar? Mi querido paciente, la muerte es irremediable, como ya sabrás, por tanto, no tiene sentido vivir lo único que vas a poder vivir apesadumbrado por lo que pasará después. Primero, por lo que comentaba de Pessoa, no tiene sentido preocuparse ni atemorizarse por algo que no se puede cambiar, ¿vas a dejar de morirte cuando llegue tu momento porque ahora te preocupes? Y si no es así, ¿qué sentido tiene preocuparse? Segundo, porque es una contradicción, por una parte no quieres dejar de vivir por miedo a la inexistencia, mientras que por este miedo te impides vivir la vida feliz, que es lo que buscas, pero sin darte cuenta te obstaculizas a ti mismo.
Has de disfrutar la vida, no como aquel que cree que la única forma de divertirse es emborracharse e ir de fiesta, hacer lo que se quiere, como muy bien dijo un conocido filósofo, Jean Paul Sartre: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace." No has de dejarte llevar por los vicios, aunque estos te procuren placer, no verdadera felicidad, que es lo que de verdad hace bonita la vida, la verdadera felicidad. Para conseguirla tienes que hacer cosas que te gusten, tener amigos, querer a tu familia, a ti novia o cuando llegues a tenerla a tu esposa, querer a los que te rodean y que ellos te quieran a ti, no tener nada por lo que preocuparte, no tener enemigos, solo amigos y neutrales, vivir contento y feliz, pero VERDADERAMENTE contento y feliz. Es lo mejor de la vida, y has de intentar llegar a ser feliz, y para llegar no sólo hace falta desearlo, aunque también es importante, sino que tus acciones te ha de guiar a su obtención.
Jaume tenía un brillo de comprensión en los ojos, mientras que la apatía había desaparecido.
-Muchas gracias, Mario, me has ayudado a comprender muchas cosas - dijo mientras, llevado por la gratitud me dio un abrazo que correspondí.
-De nada, siempre me es un placer ayudar a cualquiera que necesite consejo -le respondí.
-Bueno, me parece que ya no volveré más, como mucho de visita, así que quería agradecerte todo lo que me has ayudado, eres una gran persona. Muchísimas gracias.
-De nada. sólo añadir qué sepas, que aunque te cueste creerlo, yo también aprendo de mis pacientes, y tú no has sido una excepción.
-Me alegro. Hasta siempre, Mario. Te recordaré, a ti y a tus consejos.
-Yo también lo haré. Adiós, espero que nos podamos volver a ver.
Jaume, tras despedirse, salió de la estancia. Siempre dolía tener que despedirse puede que para siempre de un paciente, especialmente de algunos. Pero así era mi profesión.
domingo, 8 de junio de 2008
Gloriosa existencia
Jaume entró por la puerta de la consulta, mi consulta en Valencia, por cuarta vez.
-Hola, Jaume -le saludé.
-Buenas, Mario -me devolvió el saludo.
-A ver, esta semana, no me preguntes por qué, he estado algo deprimido. Después de ese último poema que me recitaste antes de irme la sesión pasada, estuve pensando sobre este tema, la muerte. Estuve pensando en que pasaría después de morirte, si irías al Cielo o al Infierno, o a cualquier sitio por el estilo como dicen muchas religiones; o si te reencarnarias en otro ser como me parece recordar que decían los hindúes; o si, por el contrario, como afirman los ateos y decías tú en tu poema, no irías a ninguna parte, simplemente dejarías de existir. Y pensar en todo esto me deprimió mucho, pensar que puede que ya no sea nada después de esta vida.
-Bien, esta es un temor muy común, como puede que sepas. Precisamente, el miedo hacia lo que pueda haber después de la muerte ha sido, a mi manera de ver, lo que ha incitado a las religiones a predicar esas mentiras. Creo que un cuento te vendría bien. Este trata sobre una niña muy especial:
Nací un 25 de diciembre. Por lo que me contaron, nací un día bastante bueno, teniendo en cuenta que era invierno. Mi padre esperaba impaciente Mi padre esperaba impacientemente mientras mi madre daba a luz a una preciosa niña que se convertiría en lo que ahora soy. Todo fue bien en principio, todos se alegraron de mi nacimiento, la única que detectó algo extraño fue mi madre cuando vio un brillo especial en mis ojos, que luego pensó haberse imaginado.
Llegaron los análisis. Todo fue perfecto, excepto una cosa, una malformación genética me haría morir cuando cumpliera los dieciséis años. La alegría que había estado presente en los rostros de mis padres se esfumó rápidamente, y fue sucedida por largas noches de llantos.
Mi infancia fue feliz, como la de cualquier otra niña, pues mis padres me ocultaron mi desdicha, excepto que yo destacaba más que nadie en todas las asignaturas. Mis profesores se asombraban conmigo, así como mis amigos.
Mi infancia estuvo cargada de éxitos, sobresalía allá a donde fuera: concursos de matemáticas, de poemas, de novelas... Quizá en lo único que no destacaba era en estatura, que era más baja que la mayoría de las niñas de mi edad.
También tuve una hermana, una preciosa chiquilla que llevaría una vida normal.
Florecí a los siete años y, aunque no lo revelé hasta los nueve, sorprendió igualmente a mucha gente, excepto a mis padres, que ya estaban al tanto de las irregularidades de mi genética.
Con doce o trece años, yo ya tenía la madurez de cualquier chica de dieciocho años, así como mi inteligencia también, por lo que seguí, durante lo que me atrevería a decir que fue mi juventud, destacando en todo.
Ayer, yo contenta por ser hoy mi cumpleaños, cuando se acercaron mis padres con el rostro ensombrecido y me contaronlo que sabían desde hacía poco menos de dieciséis años, que, hoy, en mi decimo sexto cumpleaños, moriría.
Y aquí estoy, en la cama del hospital, rodeada de parientes y médicos, hoy, 25 de diciembre, maldito sea el día, aunque a otros le parezca bueno ya que es Navidad, rememorando mi vida cuando quedan pocos segundos para mi muerte. Muchas preguntas pasan por mi mente.
Ya sólo quedan diez, y me pregunto si mi corta existencia valió la pena.
Dicen que la verdad se nos es revelada justo antes de morir. Si es así, mi vida sí que me reció la pena.
-Esta es la historia de una desdichada niña que, como ella bien pensó, descubrió la verdad antes de morir -le dije tras terminar el cuento. Miré mi reloj- La hora ya ha terminado, así que ya hablaremos más extensamente sobre ello el próximo día. Hatsa entonces, Jaume.
-Adiós Mario.
Salió de la estancia y yo aún me quedé algo. Finalmente, tras haber reflexionado sobre varias cosas. Salí, de vuelta ya para mi casa.
-Hola, Jaume -le saludé.
-Buenas, Mario -me devolvió el saludo.
-A ver, esta semana, no me preguntes por qué, he estado algo deprimido. Después de ese último poema que me recitaste antes de irme la sesión pasada, estuve pensando sobre este tema, la muerte. Estuve pensando en que pasaría después de morirte, si irías al Cielo o al Infierno, o a cualquier sitio por el estilo como dicen muchas religiones; o si te reencarnarias en otro ser como me parece recordar que decían los hindúes; o si, por el contrario, como afirman los ateos y decías tú en tu poema, no irías a ninguna parte, simplemente dejarías de existir. Y pensar en todo esto me deprimió mucho, pensar que puede que ya no sea nada después de esta vida.
-Bien, esta es un temor muy común, como puede que sepas. Precisamente, el miedo hacia lo que pueda haber después de la muerte ha sido, a mi manera de ver, lo que ha incitado a las religiones a predicar esas mentiras. Creo que un cuento te vendría bien. Este trata sobre una niña muy especial:
Nací un 25 de diciembre. Por lo que me contaron, nací un día bastante bueno, teniendo en cuenta que era invierno. Mi padre esperaba impaciente Mi padre esperaba impacientemente mientras mi madre daba a luz a una preciosa niña que se convertiría en lo que ahora soy. Todo fue bien en principio, todos se alegraron de mi nacimiento, la única que detectó algo extraño fue mi madre cuando vio un brillo especial en mis ojos, que luego pensó haberse imaginado.
Llegaron los análisis. Todo fue perfecto, excepto una cosa, una malformación genética me haría morir cuando cumpliera los dieciséis años. La alegría que había estado presente en los rostros de mis padres se esfumó rápidamente, y fue sucedida por largas noches de llantos.
Mi infancia fue feliz, como la de cualquier otra niña, pues mis padres me ocultaron mi desdicha, excepto que yo destacaba más que nadie en todas las asignaturas. Mis profesores se asombraban conmigo, así como mis amigos.
Mi infancia estuvo cargada de éxitos, sobresalía allá a donde fuera: concursos de matemáticas, de poemas, de novelas... Quizá en lo único que no destacaba era en estatura, que era más baja que la mayoría de las niñas de mi edad.
También tuve una hermana, una preciosa chiquilla que llevaría una vida normal.
Florecí a los siete años y, aunque no lo revelé hasta los nueve, sorprendió igualmente a mucha gente, excepto a mis padres, que ya estaban al tanto de las irregularidades de mi genética.
Con doce o trece años, yo ya tenía la madurez de cualquier chica de dieciocho años, así como mi inteligencia también, por lo que seguí, durante lo que me atrevería a decir que fue mi juventud, destacando en todo.
Ayer, yo contenta por ser hoy mi cumpleaños, cuando se acercaron mis padres con el rostro ensombrecido y me contaronlo que sabían desde hacía poco menos de dieciséis años, que, hoy, en mi decimo sexto cumpleaños, moriría.
Y aquí estoy, en la cama del hospital, rodeada de parientes y médicos, hoy, 25 de diciembre, maldito sea el día, aunque a otros le parezca bueno ya que es Navidad, rememorando mi vida cuando quedan pocos segundos para mi muerte. Muchas preguntas pasan por mi mente.
Ya sólo quedan diez, y me pregunto si mi corta existencia valió la pena.
Dicen que la verdad se nos es revelada justo antes de morir. Si es así, mi vida sí que me reció la pena.
-Esta es la historia de una desdichada niña que, como ella bien pensó, descubrió la verdad antes de morir -le dije tras terminar el cuento. Miré mi reloj- La hora ya ha terminado, así que ya hablaremos más extensamente sobre ello el próximo día. Hatsa entonces, Jaume.
-Adiós Mario.
Salió de la estancia y yo aún me quedé algo. Finalmente, tras haber reflexionado sobre varias cosas. Salí, de vuelta ya para mi casa.
sábado, 7 de junio de 2008
Poemas
Bueno, porseguimos hoy con otra consulta. Ya la tercera, ¡dios! ¡Qué rápido pasa el tiempo! Empecé hablándote sobre el frikismo y los "guays", proseguí con una breve historia sobre este tema también y ahora me gustaría que me dieras tu opinión sobre estos poemas que he compuesto:
"La soledad de estar sin ti" (1ª versión)
Sin ti, mi vida es un océano de hielo, frío y desierto.
Avanzo para no encontrar nada,
voy yéndome del mundo,
dejándolo a un lado.
Apenas veo qué tengo delante;
voy dejando de sentir,
amor, alegría, hambre, frío... todo se va.
Voy olvidando todo lo que recordaba:
el sonido de tu voz, el de la mía;
tu belleza, la de las demás cosas;
el sabor de la victoria, el de la derrota;
el de lo dulce, el de lo amargo;
voy olvidando pensar;
simplemente, sigo adelante y adelante y adelante...
para morir por fin.
La soledad de estar sin ti (2ª versión)
Mi vida sin ti es un océano de hielo
frío, oscuro y desierto.
Sí, aquel que antes fue cálido y luminoso mar,
aquel que surcaba contigo,
en esto se ha transformado.
Avanzo para no encontrar nada,
voy yéndome del mundo,
dejándolo a un lado.
Apenas veo qué tengo delante,
voy dejando de sentir,
amor, odio, hambre, frío...
todo se va.
Voy olvidando todo lo que recordaba:
el sonido de tu voz, el de la mía;
tu belleza, la de las demás cosas.
Voy olvidando el sabor de la victoria, de la derrota;
de lo dulce, de lo amargo.
Simplemente sigo adelante y adelante y adelante...
buscando mi fin.
Mas, cuando todo creía perdido
y más claro se presentaba mi final,
un tímido haz de luz aparece,
allá, en el horizonte.
Y dudo...
si seguir con mi cómodo tormento
o avanzar hacia adelante con esfuerzo.
Posibilidad
Puedes creer que la Tierra sea redonda,
que el universo sea infinito
así como la estupidez humana.
Puedes creer que Dios no existe,
que la religión es una mentira,
una de otras tantas que hay en este mundo.
Puedes creer que la vida es un sueño
y que los únicos momentos de realidad
nos llegan mientras dormimos.
Puedes creer que existe el infinito,
pues existen infinitas cosas en las que puedes creer.
Pero jamás digas siempre, jamás digas nunca;
jamás digas imposible, jamás digas seguro;
jamás confíes todo en una persona
y jamás desconfíes totalmente.
Pues la vida
es una duda constante.
Muerte
Larga partida hacia el más allá,
un más allá infinito, oscuro,
sin sentido ni sentimiento alguno.
Un regeso a nuestros orígenes,
a la inexistencia, al no ser.
Maldita partida,
maldito regreso,
maldita inexistencia,
maldito cadáver, polvo, cenizas, nada.
Bueno, ya se acabo la hora, estos son los cuatro poemas que te quería enseñar. Los dos primeros, que se parecen mucho, es que primero hice una versión, pero más tarde la retoqué, aunque creo que para que quedara mejor tendría que hacer una mezcla entre los dos. Luego el tercero y el cuarto los acabo de escribir ahora.
Hasta la próxima consulta, mi estimado cliente.
"La soledad de estar sin ti" (1ª versión)
Sin ti, mi vida es un océano de hielo, frío y desierto.
Avanzo para no encontrar nada,
voy yéndome del mundo,
dejándolo a un lado.
Apenas veo qué tengo delante;
voy dejando de sentir,
amor, alegría, hambre, frío... todo se va.
Voy olvidando todo lo que recordaba:
el sonido de tu voz, el de la mía;
tu belleza, la de las demás cosas;
el sabor de la victoria, el de la derrota;
el de lo dulce, el de lo amargo;
voy olvidando pensar;
simplemente, sigo adelante y adelante y adelante...
para morir por fin.
La soledad de estar sin ti (2ª versión)
Mi vida sin ti es un océano de hielo
frío, oscuro y desierto.
Sí, aquel que antes fue cálido y luminoso mar,
aquel que surcaba contigo,
en esto se ha transformado.
Avanzo para no encontrar nada,
voy yéndome del mundo,
dejándolo a un lado.
Apenas veo qué tengo delante,
voy dejando de sentir,
amor, odio, hambre, frío...
todo se va.
Voy olvidando todo lo que recordaba:
el sonido de tu voz, el de la mía;
tu belleza, la de las demás cosas.
Voy olvidando el sabor de la victoria, de la derrota;
de lo dulce, de lo amargo.
Simplemente sigo adelante y adelante y adelante...
buscando mi fin.
Mas, cuando todo creía perdido
y más claro se presentaba mi final,
un tímido haz de luz aparece,
allá, en el horizonte.
Y dudo...
si seguir con mi cómodo tormento
o avanzar hacia adelante con esfuerzo.
Posibilidad
Puedes creer que la Tierra sea redonda,
que el universo sea infinito
así como la estupidez humana.
Puedes creer que Dios no existe,
que la religión es una mentira,
una de otras tantas que hay en este mundo.
Puedes creer que la vida es un sueño
y que los únicos momentos de realidad
nos llegan mientras dormimos.
Puedes creer que existe el infinito,
pues existen infinitas cosas en las que puedes creer.
Pero jamás digas siempre, jamás digas nunca;
jamás digas imposible, jamás digas seguro;
jamás confíes todo en una persona
y jamás desconfíes totalmente.
Pues la vida
es una duda constante.
Muerte
Larga partida hacia el más allá,
un más allá infinito, oscuro,
sin sentido ni sentimiento alguno.
Un regeso a nuestros orígenes,
a la inexistencia, al no ser.
Maldita partida,
maldito regreso,
maldita inexistencia,
maldito cadáver, polvo, cenizas, nada.
Bueno, ya se acabo la hora, estos son los cuatro poemas que te quería enseñar. Los dos primeros, que se parecen mucho, es que primero hice una versión, pero más tarde la retoqué, aunque creo que para que quedara mejor tendría que hacer una mezcla entre los dos. Luego el tercero y el cuarto los acabo de escribir ahora.
Hasta la próxima consulta, mi estimado cliente.
jueves, 5 de junio de 2008
Breve historia de un "guay"
En nuestra segunda consulta, proseguiremos con una historia:
<Mañana, otro aburrido día de colegio, menos mal que ya es viernes.> Fue lo último que pensé antes de quedarme dormido.
A la mañana siguiente, para variar, sonó el despertador. Lo apagué aún medio dormido y comencé la tediosa tarea de vestirme mientras daba tumbos y alguna que otra tos salía de mi boca. La mañana pasó sin pena ni gloria, clase tras clase, aburrimiento y más aburrimiento, únicos ratos mínimamente divertidos los recreos. Un examen fue lo único que diferenció este día de muchos otros. Aunque este fue también como el resto del día, aburrido. Matemáticas no era precisamente mi asignatura preferida, si es que había alguna, así que sumaría un suspenso más.
Aunque nunca era demasiado malo si lo mirabas con la perspectiva de que después de clase vendría la diversión. Después de comer, fui a salir con los colegas, ignorando el castigo de mis padres, pero estos me pillaron y el castigo quedó alargado un mes más. Así que, qué opción, tendría que estudiar. Bueno, mas bien "estudiar". Poner un libro delante mientras hacía aviones de papel y jugaba con ellos, escuchaba música o alguna otra cosa entretenida. Las horas fueron pasando, y también pasó el día.
Llegado ya el sábado, con la escusa de ir a por el pan, me di una vuelta por ahí aprovechando para fumar un poco. Por la noche, única parte de la semana, la noche del sábado, que no estaba castigado, salí con los colegas.
Ya algo tocados, acabamos en un bar, bebiendo y fumando sin parar. En este, encontramos alguna que otra chica que no estaba mal, y esto, sumado a la borrachera que llevábamos, nos hizo liarnos con ellas. Yo escogí que estaba especialmente buena, con bonito cabello castaño, buen culo y buenas tetas. Empezamos con un breve diálogo, seguimos con besos y caricias, y acabamos en la cama. No era a la primera que me llevaba, ni sería la última; sería, simplemente, una más. Aunque, a pesar de que me había liado con alguna mejor, estaba bastante bien, pues no todas las noches se conseguía buena cosecha.
A las 4 de la mañana volví a casa, con una buena borrachera, ya satisfechas mis necesidades como hombre aunque por edad aún no fuera del todo. Según me contaron después, parecía que estaba entrenándome al fútbol, deporte que practico y se me da muy bien, pues iba haciendo zigzag entre los árboles de la calle. Yo no recuerdo que fuera así, de modo que puede que me engañaran. (Por si no queda claro, un efecto común del alcohol es no recordar lo que haces y que en ese momento pienses que estás haciendo todo bien y estás volviendo a casa haciendo zigzag entre los pivotes o los árboles de la acera)
Así fueron pasando los días, las semanas, los meses. De suspenso en suspenso, de cigarro en cigarro, borrachera tras borrachera, perdiendo la cuenta de las chicas que me satisfacían. Pero yo estaba contento. Era popular, guapo (motivo por el cuál las chicas no me negaban sus favores precisamente), muy respetado por mis colegas, quizá de los que más o el que más poder tenía, y un buen jugador de fútbol.
Cuando cumplí los 16, dejé la aburrida tarea de estudiar y me puse a trabajar de mecánico en un taller tuning. Hice buenas migas, especialmente con un chaval que había llegado en parecidas circunstancias que yo hace un año. Fue él por quien probé la coca por primera vez. Él también la había probado por primera vez cuando vino un año antes, se la transmitió otro del taller. No era la primera droga que tomaba, pues ya frecuentaba a tomar marihuana y otras hierbas, también añadir quizá el alcohol y el tabaco, que estos científicos tan chiflados consideraban drogas. Pero nunca una de este calibre, era lo mejor que había probado nunca. Me echaron del equipo por culpa de esta, pero sin duda merecía la pena. Además, esto mejoraba de buena manera, las ya de por sí solas muy satisfactorias relaciones sexuales.
Llegaron los 18 y cada vez estaba más adicto a las drogas, a cuya lista ya se habían sumado la heroína y el opio. Cada vez tenía más problemas por esto, peor yo seguía pensando que merecía la pena.
Esta noche, ya las 5 la mañana, con por lo menos tres polvos echados, seguía tomando más y más droga, quizá me estaba pasando un poco, pero merecía la pena. Seguí una media hora más, con dos tías de por en medio para la lista, cuando de repente, empecé a temblar violentamente y a toser. Mis colegas no se preocuparon en exceso, pues ya habían pasado cosas parecidas alguna vez, además de que no estoy seguro de que se dieran cuenta con la colocada que llevaban. A estos temblores empezó a sumarse un fuerte dolor de cabeza, parecía que me iba a explotar, me quedaba sin aire, no podía respirar, escupía sangre y mi corazón cada vez latía más deprisa, doliéndome fuertemente y amenazando con salirse del pecho. Este doloroso inigualable sufrimiento se prolongó durante unos instantes, que a mi parecer fue una eternidad. Pero, de repente, todo paró.
Y esta, mi querido paciente, es la resumida y breve historia de un joven "guay". Un joven, consumido en sus vicios. Una larga vida que aún le quedaba por delante, una carrera futbolística en su día prometedora, así como podría haber llegado a algo como escritor, pues de este fragmento sólo me he inventado el final, que lo vi con mis propios ojos, el resto es de su propio diario. Todo, destruido por las drogas y su obsesión por ser "guay".
La hora acaba de nuevo, el próximo día me gustaría que tratáramos un tema que tú mismo eligieras.
Nos veremos entonces.
<
A la mañana siguiente, para variar, sonó el despertador. Lo apagué aún medio dormido y comencé la tediosa tarea de vestirme mientras daba tumbos y alguna que otra tos salía de mi boca. La mañana pasó sin pena ni gloria, clase tras clase, aburrimiento y más aburrimiento, únicos ratos mínimamente divertidos los recreos. Un examen fue lo único que diferenció este día de muchos otros. Aunque este fue también como el resto del día, aburrido. Matemáticas no era precisamente mi asignatura preferida, si es que había alguna, así que sumaría un suspenso más.
Aunque nunca era demasiado malo si lo mirabas con la perspectiva de que después de clase vendría la diversión. Después de comer, fui a salir con los colegas, ignorando el castigo de mis padres, pero estos me pillaron y el castigo quedó alargado un mes más. Así que, qué opción, tendría que estudiar. Bueno, mas bien "estudiar". Poner un libro delante mientras hacía aviones de papel y jugaba con ellos, escuchaba música o alguna otra cosa entretenida. Las horas fueron pasando, y también pasó el día.
Llegado ya el sábado, con la escusa de ir a por el pan, me di una vuelta por ahí aprovechando para fumar un poco. Por la noche, única parte de la semana, la noche del sábado, que no estaba castigado, salí con los colegas.
Ya algo tocados, acabamos en un bar, bebiendo y fumando sin parar. En este, encontramos alguna que otra chica que no estaba mal, y esto, sumado a la borrachera que llevábamos, nos hizo liarnos con ellas. Yo escogí que estaba especialmente buena, con bonito cabello castaño, buen culo y buenas tetas. Empezamos con un breve diálogo, seguimos con besos y caricias, y acabamos en la cama. No era a la primera que me llevaba, ni sería la última; sería, simplemente, una más. Aunque, a pesar de que me había liado con alguna mejor, estaba bastante bien, pues no todas las noches se conseguía buena cosecha.
A las 4 de la mañana volví a casa, con una buena borrachera, ya satisfechas mis necesidades como hombre aunque por edad aún no fuera del todo. Según me contaron después, parecía que estaba entrenándome al fútbol, deporte que practico y se me da muy bien, pues iba haciendo zigzag entre los árboles de la calle. Yo no recuerdo que fuera así, de modo que puede que me engañaran. (Por si no queda claro, un efecto común del alcohol es no recordar lo que haces y que en ese momento pienses que estás haciendo todo bien y estás volviendo a casa haciendo zigzag entre los pivotes o los árboles de la acera)
Así fueron pasando los días, las semanas, los meses. De suspenso en suspenso, de cigarro en cigarro, borrachera tras borrachera, perdiendo la cuenta de las chicas que me satisfacían. Pero yo estaba contento. Era popular, guapo (motivo por el cuál las chicas no me negaban sus favores precisamente), muy respetado por mis colegas, quizá de los que más o el que más poder tenía, y un buen jugador de fútbol.
Cuando cumplí los 16, dejé la aburrida tarea de estudiar y me puse a trabajar de mecánico en un taller tuning. Hice buenas migas, especialmente con un chaval que había llegado en parecidas circunstancias que yo hace un año. Fue él por quien probé la coca por primera vez. Él también la había probado por primera vez cuando vino un año antes, se la transmitió otro del taller. No era la primera droga que tomaba, pues ya frecuentaba a tomar marihuana y otras hierbas, también añadir quizá el alcohol y el tabaco, que estos científicos tan chiflados consideraban drogas. Pero nunca una de este calibre, era lo mejor que había probado nunca. Me echaron del equipo por culpa de esta, pero sin duda merecía la pena. Además, esto mejoraba de buena manera, las ya de por sí solas muy satisfactorias relaciones sexuales.
Llegaron los 18 y cada vez estaba más adicto a las drogas, a cuya lista ya se habían sumado la heroína y el opio. Cada vez tenía más problemas por esto, peor yo seguía pensando que merecía la pena.
Esta noche, ya las 5 la mañana, con por lo menos tres polvos echados, seguía tomando más y más droga, quizá me estaba pasando un poco, pero merecía la pena. Seguí una media hora más, con dos tías de por en medio para la lista, cuando de repente, empecé a temblar violentamente y a toser. Mis colegas no se preocuparon en exceso, pues ya habían pasado cosas parecidas alguna vez, además de que no estoy seguro de que se dieran cuenta con la colocada que llevaban. A estos temblores empezó a sumarse un fuerte dolor de cabeza, parecía que me iba a explotar, me quedaba sin aire, no podía respirar, escupía sangre y mi corazón cada vez latía más deprisa, doliéndome fuertemente y amenazando con salirse del pecho. Este doloroso inigualable sufrimiento se prolongó durante unos instantes, que a mi parecer fue una eternidad. Pero, de repente, todo paró.
Y esta, mi querido paciente, es la resumida y breve historia de un joven "guay". Un joven, consumido en sus vicios. Una larga vida que aún le quedaba por delante, una carrera futbolística en su día prometedora, así como podría haber llegado a algo como escritor, pues de este fragmento sólo me he inventado el final, que lo vi con mis propios ojos, el resto es de su propio diario. Todo, destruido por las drogas y su obsesión por ser "guay".
La hora acaba de nuevo, el próximo día me gustaría que tratáramos un tema que tú mismo eligieras.
Nos veremos entonces.
miércoles, 4 de junio de 2008
Ser diferente, "friki"
Para empezar esta Consulta, vamos a comenzar hablando del llamado "frikismo", de ser raro, diferente, distinto.
Esta juventud de hoy en día, se podría dividir en tres grupos según este aspecto:
¿Qué pasa, que es malo leer manga o anime? ¿O jugar a algún juego "friki"? ¿O no jugar al fútbol ni ningún otro deporte porque ni se te dan bien ni te gustan? Y, si juegas, ¿tienes que ser de los mejores? ¿No se te puede dar mal? No es mi caso, pero estoy seguro que sí el de otros.
Creo que se critica demasiado a los frikis, ¿por qué no se pueden tener otras aficiones? Claro, lo mejor es que todos seamos iguales, y hagamos todo igual, para qué establecer diferencias, por qué ser diferente, con lo divertido que es ser igual...
¿Es imponer miedo en los demás la mejor forma de llegar a ser popular? ¿Que te respeten y te teman? Porque esta es la forma más habitual que tienen de actuar los "guays", atacar a los demás, especialmente a los "frikis". ¿Son peores por ser distintos? Dejando aparte que a mí me parecen mejores, digamos que por lo menos desde luego no son peores.
La hora de la Consulta ya ha terminado. El próximo día puede que prosigamos este tema con un cuento, sin él, o puede que prosigamos con otro tema.
Nos veremos entonces.
Esta juventud de hoy en día, se podría dividir en tres grupos según este aspecto:
- "Guays": aquellos que llevan la ropa de la misma marca "guay", juegan a los mismos juegos "guays" y tienen las mismas aficiones "guays". Para ser "guay" es imprescindible ser popular.
- "Frikis": aquellos que no llevan ropa "guay" o, aunque la lleven, cumplen la siguiente condición, juegan a juegos "frikis", hacen actividades "frikis" o tienen aficiones "frikis".
- Normales: es decir, no son "guays" pero tampoco "frikis", ya que no cumplen las condiciones de unos ni de otros, aunque si que en algunos casos cumplen alguna de las condiciones exigidas en cada caso, pero no las suficientes.
¿Qué pasa, que es malo leer manga o anime? ¿O jugar a algún juego "friki"? ¿O no jugar al fútbol ni ningún otro deporte porque ni se te dan bien ni te gustan? Y, si juegas, ¿tienes que ser de los mejores? ¿No se te puede dar mal? No es mi caso, pero estoy seguro que sí el de otros.
Creo que se critica demasiado a los frikis, ¿por qué no se pueden tener otras aficiones? Claro, lo mejor es que todos seamos iguales, y hagamos todo igual, para qué establecer diferencias, por qué ser diferente, con lo divertido que es ser igual...
¿Es imponer miedo en los demás la mejor forma de llegar a ser popular? ¿Que te respeten y te teman? Porque esta es la forma más habitual que tienen de actuar los "guays", atacar a los demás, especialmente a los "frikis". ¿Son peores por ser distintos? Dejando aparte que a mí me parecen mejores, digamos que por lo menos desde luego no son peores.
La hora de la Consulta ya ha terminado. El próximo día puede que prosigamos este tema con un cuento, sin él, o puede que prosigamos con otro tema.
Nos veremos entonces.
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Consulta de Jorge
En principio, y de hay viene la url de la página, este blog se llamaba "La Consulta de Jorge", en honor al gran libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente". Además, un personaje que casualmente llevaba mi mismo nombre introducía los textos que escribía. Como esto último ya no es así, he decidido cambiar el nombre a "Sueño del Poeta".